Este equipo tuvo el cierre de
semestre que merecía. Ganando. Superando claramente al equipo que más puntos
sacó en el torneo. Disfrutando de cada uno de sus jugadores, los que se quedan
y los que partirán. Demostrándole a todo el fútbol argentino, en este partido
en particular y en los últimos cuatro meses en general, que Huracán es enorme y
siempre tiene algo para decir.
Lanús venía a cumplir con la
última fecha, ya clasificado a la final de este atípico torneo, pero no
esperaba que Huracán lo pasara por arriba. El Globo tardó un rato en
acomodarse, pero nunca le cedió espacios al rival. El primer gol llegó a los
11, cuando Bogado tomó el rebote de un tiro libre y clavó la pelota en el
ángulo desde afuera del área. A partir
del pie de Montenegro y el buen criterio de Bogado el Globo empezó a quitarle
la pelota a Lanús, dejándolo sin herramientas. Empezó a justificar la vitoria. A
los 28 minutos el arquero Ibáñez salió muy mal dejándole la pelota a Wanchope
solo que vacunó sin pensarlo demasiado. Huracán ganaba cómodo y bien, casi sin
dejar que Lanús molestara a Marcos Díaz.
El local apretó un poco el
acelerador al inicio del segundo tiempo. Después de insistir por unos cuantos
minutos, a los 19 forzó el error en la defensa quemera y tiró un buscapié que
Nervo empujó a la red descolocando a Marcos. Parecía que Lanús se acercaba al
empate, pero a los 27 apareció Ramón Abila recibiendo un gran pase de Fritzler
para liquidar el asunto después de un enganche y un remate de zurda. Las cosas
volvieron a su sitio. Huracán recuperó la pelota, la hizo circular y la mantuvo
lejos de los pies granates que, como pocas veces les pasó en el torneo, se tuvieron
que quedar mirando cómo los superaban.
Huracán fue un equipo serio,
contundente. Se armó prolijamente desde el mediocampo. Bogado, además del
golazo que metió, se encargó de acomodar las fichas de la mitad para adelante,
muy bien acompañado por el Rolfi. Fritzler ordenó las posiciones atrás, siempre
con la figura de Mancinelli resguardándole la espalda con mucha solidez. El
equipo funcionó muy bien incluso cuando González no sumó nada a la creación de
juego y la defensa tuvo algunos errores, como el puntual de Nervo en el gol, y
ciertas indefiniciones de Balbi para marcar. Mención aparte para el gran Wanchope
Abila, que volvió a romperla como nos tuvo acostumbrados durante todo este tiempo,
aprovechando los errores rivales y generando espacios donde no parecía que los
hubiera. Su partida es casi un hecho y Huracán va a extrañarlo mucho.
Interesante partido también de Espinoza (¿seguirá en el Globo?) y de Romero
Gamarra.
Con la cabeza en alto y el pecho
inflado de orgullo, este Huracán terminó el semestre sin ganar nada pero
dejando a la hinchada un sentimiento de gratitud inmenso. Como en este partido
con Lanús, jugó siempre hasta el final, poniendo lo mejor de sí sobre todo en
los momentos que las cosas parecían no salir, haciéndose grande a partir del
trabajo en grupo. Ahora toca el merecido descanso. Los jugadores pueden irse
tranquilos a casa.
CeciQuemera

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