miércoles, 4 de mayo de 2016

Atlético Nacional 4-2 Huracán



Tan incómodo se estaba volviendo Huracán en los octavos de la Libertadores que tuvieron que meter la mano para eliminarlo. El Globo hizo un papel dignísimo contra un equipo que tenía las herramientas para superarlo lícitamente, pero que lo hizo gracias a la complicidad de un árbitro desvergonzadamente localista.

El encuentro empezó muy parejo, Huracán daba pelea y no solamente desde las ganas que tenía de clasificar. Con argumentos, tratando de usar los espacios que Atlético Nacional le dejaba, tuvo las jugadas más claras. (Incluso le anularon un gol a Wanchope Abila por un inexistente offside.) Sin embargo, la cancha comenzó a inclinarse pasados los 20 minutos. Bogado tocó apenas con la pierna a Guerra, que se zambulló en el área. El árbitro cobró el polémico penal sin dudarlo, e Ibarbo lo transformó en gol. Pese a esto, el Globo se levantó nuevamente. Después de un gran pase del mismo Bogado, Espinoza quedó solo frente al arquero y marcó el empate. Huracán no se daba por vencido. Con el referí bastante sensible con respecto a todas las intervenciones defensivas del Globo, siguió dando batalla.

Las cosas terminaron de quedar claras cuando, a los 7 del segundo tiempo, Mancinelli se fue expulsado después de ¿tocar con el brazo? ¿rozar cuando pasaba? ¿soplar? a Marlos. El partido se desvirtuó. Cinco minutos después vino el segundo de Atlético Nacional de la mano de Guerra, y diez minutos más tarde, a partir del mismo autor, llegó el tercero.  Y contra viento y marea, Huracán siguió yéndolo a buscar. A los 31, con una chilena exquisita, Abila descontó y le dio aire al equipo. Pero con un jugador menos, el cuerpo exprimido hasta la última gota, y el árbitro pateando para el equipo contrario, se hizo difícil. Aun así, estuvo a punto de meter gol en varias oportunidades. El equipo colombiano recién pudo cerrar el partido con el cuarto gol a dos minutos del final.

Es muy difícil analizar tácticamente un encuentro en cuyo resultado tuvo completa incidencia el señor vestido de amarillo José Argote. Huracán estuvo a la altura de las circunstancias, y en condiciones normales, no sólo hubiera dado pelea hasta el final, como lo hizo, probablemente hubiera clasificado. El rival era el mejor equipo de la copa, el que no había recibido goles, el que sólo había relegado puntos frente a ese club de Parque Patricios que primero fue un escollo incómodo y después se fue transformando en un rival de temer. Huracán le hizo frente, lo molestó, le desnudó los espacios en el fondo, lo supo aguantar en su propia área, le jugó de igual a igual, con seguridad en sí mismo y los ojos bien atentos a lo que  Atlético Nacional hacía para no dejar pasar ningún error propio y aprovechar los ajenos. Incluso con todo en contra, no se dejó pisar con facilidad y estuvo cerca de lograrlo.

Huracán tuvo una participación excelente en esta edición de la Copa Libertadores. Estaba en condiciones de seguir avanzando paso a paso, haciendo las cosas bien y de a poco, como está acostumbrado este equipo. Pero contra doce se hizo demasiado complicado.

CeciQuemera

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