martes, 31 de mayo de 2016

Análisis de los jugadores y del DT



Se contará como partido jugado aquel en el que el futbolista haya sido titular o bien haya estado en la cancha por más de quince minutos.

Marcos Díaz (25 partidos, 24 goles recibidos): Siempre es una garantía bajo los tres palos. Aún hoy sigue llamando la atención su facilidad para adueñarse del área chica y, en no pocas ocasiones, también de la grande. Pocos errores cometió, quizá el único haya sido la poca predisposición para salir jugando por abajo. Atajada tras atajada, partido tras partido, volvió a demostrar lo que todos sabemos: es uno de los mejores arqueros del fútbol argentino.

San Román (19 partidos): Pepe tuvo que hacerse cargo de dos tareas, la defensiva y la ofensiva. Si bien hubo varias ocasiones en las que sus incursiones en el ataque dejaron su banda excesivamente desprotegida, también hubo partidos en los que los rivales fueron incapaces del vulnerar el lateral. Le faltó un poco más de astucia adelante para sacar más provecho de sus proyecciones.
Nervo (16 partidos): Este año le tocó quedarse afuera de las canchas por varias semanas a causa del accidente, pero en ningún momento eso puso en juego su titularidad. Tuvo errores puntuales pero nunca dio sensación de inseguridad en el fondo. Sobrio y decidido, fue un hueso duro de roer para los delanteros.
Mancinelli (23 partidos): Fue uno de los jugadores más importantes de once titular y el que más se destacó en la defensa. Ganó tanto por arriba como por abajo, se arriesgó para evitar que el peligro llegara demasiado lejos en la propia área, se ocupó de cubrir los errores de sus compañeros, y hasta incursionó en el ataque con criterio sin que eso significara descuidar la defensa. En lo futbolístico y en lo anímico fue un estandarte del equipo.
Balbi (23 partidos): Este semestre no fue para Luciano tan bueno como el año pasado. Perdió la regularidad y fue el eslabón más débil de la defensa, sin que su rendimiento llegara a ser malo del todo. Aun sin sumarse tanto al ataque como San Román, hubo partidos en los que los espacios que dejó en su lateral fueron preocupantes. Por supuesto, no hay que olvidar que lo condicionó el hecho de ser uno de los jugadores que más minutos acumuló en la cancha.
Araujo (9 partidos): En un principio fue una alternativa muy interesante, sobre todo por la calidad de volumen de juego que sumaba cuando participaba en la tarea creativa. En la segunda mitad del semestre perdió mucho nivel y no fue ningún tipo de garantía ni adelante ni atrás.
Risso (11 partidos): Fue de los más regular del equipo suplente. Cumplió sin estridencias ni errores groseros cuando le tocó reemplazar a Nervo o a Mancinelli.
Sosa (4 partidos): Jugó muy poco pero es importante mencionar que rindió muy bien cuando ocupó la posición que le corresponde (defensor central). Interesante apuesta a futuro.

Fritzler (20 partidos, 1 gol): Llegó a cumplir con la complicada tarea de reemplazar a Vismara y lo logró desde el primer partido. Con un perfil un poco más defensivo que la Bruja, se ocupó de cubrir muy bien el mediocampo dejando a Bogado más libre para que se volcara al ataque. Muy correcto para realizar quites y sin complicaciones innecesarias para llevar la pelota hacia adelante, fue uno de los jugadores más regulares del equipo.
Bogado (26 partidos, 1 gol): Ya fuera de titular o entrando a reemplazar a algún compañero, Mauro participó en todos los partidos de este semestre y eso jamás significó una merma en su rendimiento. En sus pies comenzó la tarea creativa de cada partido pero también fue uno de los primeros en aparecer cuando tocó recuperar la pelota. Las pocas veces que ingresó desde el banco de suplentes lo hizo para cambiar la cara del equipo y siempre tuvo éxito.
Montenegro (23 partidos, 1 gol): El Rolfi fue ese jugador cuyo buen o mal juego hizo que la balanza se inclinara hacia Huracán o hacia sus rivales. Los mejores partidos del Globo coincidieron siempre con buenos rendimientos de Montenegro. Su cabeza experimentada y sus pies habilidosos fueron una apuesta que valió la pena hacer. Hacia el final del semestre el cansancio hizo que perdiera nivel y eso repercutió directamente en el equipo.
González (23 partidos, 5 goles): Llegó a Huracán sin hacer demasiado ruido y generando cierta desconfianza. Sorprendió a muchos por su gran capacidad de manejar los tiempos del juego. Fue una presencia inesperada para los defensores rivales (es el segundo goleador del equipo) pero también cumplió cuando tuvo que retrasarse un poco para sumar a la creación de juego. Pese a no contar con la rapidez de los juveniles, compensó con experiencia. Se convirtió en una de las cartas fuertes del Globo.
Villarruel (10 partidos): Lucas ya no es lo que fue años atrás. Impreciso, lento, sin grandes intervenciones en la defensa ni muchas ideas en el ataque, fue uno de los puntos más flojos del equipo. Se sabe que puede dar mucho más aunque todo indica que lo demostrará en otro club.

Espinoza (20 partidos, 3 goles): Fue un año complicado para Cristian. Nunca encontró la regularidad y hubo pocos partidos en los que gravitó como solía hacerlo. Mostró chispazos de su talento. Se lo vio atado, contenido. Cuando Huracán empezó a perder calidad de juego en la segunda mitad del semestre, debió cargar él solo con la responsabilidad de crear adelante y no obtuvo grandes resultados. Tuvo sus mejores rendimientos cuando el buen juego del equipo lo dejó más suelto.
Romero Gamarra (22 partidos, 3 goles): Fue quien sumó explosividad a los ataques del Globo aunque todavía no es un futbolista de partidos enteros. Sus intervenciones aportaron frescura y picardía a la tarea de romper las líneas rivales. El Kaku se divierte adentro de la cancha y eso se nota muchísimo.
Chacana (11 partidos): Prometía mucho pero dio muy poco. Parecía un futbolista rápido, ágil, inteligente, pero sus buenas intervenciones fueron contadas. Constantemente escondido detrás de sus defensores y sin astucia para picar en el ataque, no sumó nada al equipo.
Abila (23 partidos, 16 goles): Sin lugar a dudas, fue la estrella de Huracán en este semestre. Todo eso que venía demostrando desde que llegó al Globo hace dos años y medio (rapidez de reacción, cabeza para aprovechar su cuerpo, picardía para gambetear, sentido del juego en equipo, viveza para aprovechar el hecho de que sus marcadores siempre lo creyeran en posición adelantada) se potenció en estos últimos meses y lo convirtió en figura. Cuando el equipo lo acompañó, fue imparable. Definitivamente es uno de los mejores delanteros de nuestro fútbol. No es exagerada la preocupación por un futuro sin Wanchope.
Miralles (14 partidos, 1 gol): Tuvo mejores rendimientos que el año pasado pero no fue una alternativa de gran calidad. Le costó encontrar su lugar en la cancha. Cuando le tocó jugar con Abila, se superpuso a su posición y terminó molestando más que ayudando. Cuando tuvo que reemplazarlo cargó con la responsabilidad de hacer goles a pesar de no ser centrodelantero. Quizá hubiera aportado más jugando un poco más retrasado en el campo.

Toranzo (5 partidos) y Mendoza (2 partidos, 1 gol): Pese a haber jugado muy poco tiempo por el accidente, es importante mencionarlos. Futbolísticamente hablando, fueron jugadores que se extrañaron. La creación de juego del Pato es clave para Huracán desde hace mucho tiempo y Mendoza hubiera sido una buena alternativa para Wanchope (metió el gol de la clasificación a la fase de grupos de la Libertadores). Poniendo el foco en los aspectos extrafutbolísticos, es admirable el coraje que Patricio y Diego tuvieron para recuperarse en muy pocos meses, además de su siempre cálida presencia acompañando al equipo desde afuera de la cancha.

Los demás futbolistas que participaron durante este semestre (Giordano, Marinelli, Muller, Mandarino, Leando Díaz y Molina) jugaron muy poco tiempo para realizar un correcto análisis de sus desempeños.


Domínguez (47,3% de efectividad, 10 ganados, 7 empatados, 9 perdidos): Esta era la oportunidad que tenía Eduardo de demostrar sus capacidades como DT. Cumplió. Fue clave para mantener en alto el ánimo de un equipo que tuvo que pasar por situaciones dificilísimas. Tuvo que hacer malabares para afrontar dos competencias en muy poco tiempo con un plantel extremadamente corto. Eligió no elegir uno de los dos frente sobre el otro casi hasta el final y se hizo cargo de las consecuencias. Fue muy sobrio a la hora de tomar decisiones y de mostrarse como la cara del grupo. Lo ideal sería que este haya sido el punto de partida para un proyecto, al menos, a mediano plazo. Domínguez tiene buena madera con la que trabajar.

CeciQuemera

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