Se contará como partido jugado
aquel en el que el futbolista haya sido titular o bien haya estado en la cancha
por más de quince minutos.
Marcos Díaz (25 partidos, 24 goles recibidos): Siempre es una
garantía bajo los tres palos. Aún hoy sigue llamando la atención su facilidad
para adueñarse del área chica y, en no pocas ocasiones, también de la grande.
Pocos errores cometió, quizá el único haya sido la poca predisposición para
salir jugando por abajo. Atajada tras atajada, partido tras partido, volvió a
demostrar lo que todos sabemos: es uno de los mejores arqueros del fútbol
argentino.
San Román (19 partidos): Pepe tuvo que hacerse cargo de dos tareas,
la defensiva y la ofensiva. Si bien hubo varias ocasiones en las que sus
incursiones en el ataque dejaron su banda excesivamente desprotegida, también
hubo partidos en los que los rivales fueron incapaces del vulnerar el lateral.
Le faltó un poco más de astucia adelante para sacar más provecho de sus
proyecciones.
Nervo (16 partidos): Este año le tocó quedarse afuera de las
canchas por varias semanas a causa del accidente, pero en ningún momento eso
puso en juego su titularidad. Tuvo errores puntuales pero nunca dio sensación
de inseguridad en el fondo. Sobrio y decidido, fue un hueso duro de roer para
los delanteros.
Mancinelli (23 partidos): Fue uno de los jugadores más importantes
de once titular y el que más se destacó en la defensa. Ganó tanto por arriba
como por abajo, se arriesgó para evitar que el peligro llegara demasiado lejos
en la propia área, se ocupó de cubrir los errores de sus compañeros, y hasta
incursionó en el ataque con criterio sin que eso significara descuidar la
defensa. En lo futbolístico y en lo anímico fue un estandarte del equipo.
Balbi (23 partidos): Este semestre no fue para Luciano tan bueno
como el año pasado. Perdió la regularidad y fue el eslabón más débil de la
defensa, sin que su rendimiento llegara a ser malo del todo. Aun sin sumarse
tanto al ataque como San Román, hubo partidos en los que los espacios que dejó
en su lateral fueron preocupantes. Por supuesto, no hay que olvidar que lo
condicionó el hecho de ser uno de los jugadores que más minutos acumuló en la
cancha.
Araujo (9 partidos): En un principio fue una alternativa muy
interesante, sobre todo por la calidad de volumen de juego que sumaba cuando
participaba en la tarea creativa. En la segunda mitad del semestre perdió mucho
nivel y no fue ningún tipo de garantía ni adelante ni atrás.
Risso (11 partidos): Fue de los más regular del equipo suplente.
Cumplió sin estridencias ni errores groseros cuando le tocó reemplazar a Nervo
o a Mancinelli.
Sosa (4 partidos): Jugó muy poco pero es importante mencionar que
rindió muy bien cuando ocupó la posición que le corresponde (defensor central).
Interesante apuesta a futuro.
Fritzler (20 partidos, 1 gol): Llegó a cumplir con la complicada
tarea de reemplazar a Vismara y lo logró desde el primer partido. Con un perfil
un poco más defensivo que la Bruja, se ocupó de cubrir muy bien el mediocampo dejando
a Bogado más libre para que se volcara al ataque. Muy correcto para realizar
quites y sin complicaciones innecesarias para llevar la pelota hacia adelante,
fue uno de los jugadores más regulares del equipo.
Bogado (26 partidos, 1 gol): Ya fuera de titular o entrando a
reemplazar a algún compañero, Mauro participó en todos los partidos de este
semestre y eso jamás significó una merma en su rendimiento. En sus pies comenzó
la tarea creativa de cada partido pero también fue uno de los primeros en
aparecer cuando tocó recuperar la pelota. Las pocas veces que ingresó desde el
banco de suplentes lo hizo para cambiar la cara del equipo y siempre tuvo
éxito.
Montenegro (23 partidos, 1 gol): El Rolfi fue ese jugador cuyo buen
o mal juego hizo que la balanza se inclinara hacia Huracán o hacia sus rivales.
Los mejores partidos del Globo coincidieron siempre con buenos rendimientos de
Montenegro. Su cabeza experimentada y sus pies habilidosos fueron una apuesta
que valió la pena hacer. Hacia el final del semestre el cansancio hizo que
perdiera nivel y eso repercutió directamente en el equipo.
González (23 partidos, 5 goles): Llegó a Huracán sin hacer
demasiado ruido y generando cierta desconfianza. Sorprendió a muchos por su
gran capacidad de manejar los tiempos del juego. Fue una presencia inesperada
para los defensores rivales (es el segundo goleador del equipo) pero también
cumplió cuando tuvo que retrasarse un poco para sumar a la creación de juego.
Pese a no contar con la rapidez de los juveniles, compensó con experiencia. Se
convirtió en una de las cartas fuertes del Globo.
Villarruel (10 partidos): Lucas ya no es lo que fue años atrás.
Impreciso, lento, sin grandes intervenciones en la defensa ni muchas ideas en
el ataque, fue uno de los puntos más flojos del equipo. Se sabe que puede dar
mucho más aunque todo indica que lo demostrará en otro club.
Espinoza (20 partidos, 3 goles): Fue un año complicado para
Cristian. Nunca encontró la regularidad y hubo pocos partidos en los que
gravitó como solía hacerlo. Mostró chispazos de su talento. Se lo vio atado,
contenido. Cuando Huracán empezó a perder calidad de juego en la segunda mitad
del semestre, debió cargar él solo con la responsabilidad de crear adelante y no
obtuvo grandes resultados. Tuvo sus mejores rendimientos cuando el buen juego
del equipo lo dejó más suelto.
Romero Gamarra (22 partidos, 3 goles): Fue quien sumó explosividad
a los ataques del Globo aunque todavía no es un futbolista de partidos enteros.
Sus intervenciones aportaron frescura y picardía a la tarea de romper las
líneas rivales. El Kaku se divierte adentro de la cancha y eso se nota
muchísimo.
Chacana (11 partidos): Prometía mucho pero dio muy poco. Parecía un
futbolista rápido, ágil, inteligente, pero sus buenas intervenciones fueron
contadas. Constantemente escondido detrás de sus defensores y sin astucia para
picar en el ataque, no sumó nada al equipo.
Abila (23 partidos, 16 goles): Sin lugar a dudas, fue la estrella
de Huracán en este semestre. Todo eso que venía demostrando desde que llegó al
Globo hace dos años y medio (rapidez de reacción, cabeza para aprovechar su
cuerpo, picardía para gambetear, sentido del juego en equipo, viveza para
aprovechar el hecho de que sus marcadores siempre lo creyeran en posición adelantada)
se potenció en estos últimos meses y lo convirtió en figura. Cuando el equipo
lo acompañó, fue imparable. Definitivamente es uno de los mejores delanteros de
nuestro fútbol. No es exagerada la preocupación por un futuro sin Wanchope.
Miralles (14 partidos, 1 gol): Tuvo mejores rendimientos que el año
pasado pero no fue una alternativa de gran calidad. Le costó encontrar su lugar
en la cancha. Cuando le tocó jugar con Abila, se superpuso a su posición y
terminó molestando más que ayudando. Cuando tuvo que reemplazarlo cargó con la
responsabilidad de hacer goles a pesar de no ser centrodelantero. Quizá hubiera
aportado más jugando un poco más retrasado en el campo.
Toranzo (5 partidos) y Mendoza (2 partidos, 1 gol): Pese a haber
jugado muy poco tiempo por el accidente, es importante mencionarlos.
Futbolísticamente hablando, fueron jugadores que se extrañaron. La creación de
juego del Pato es clave para Huracán desde hace mucho tiempo y Mendoza hubiera
sido una buena alternativa para Wanchope (metió el gol de la clasificación a la
fase de grupos de la Libertadores). Poniendo el foco en los aspectos
extrafutbolísticos, es admirable el coraje que Patricio y Diego tuvieron para
recuperarse en muy pocos meses, además de su siempre cálida presencia
acompañando al equipo desde afuera de la cancha.
Los demás futbolistas que
participaron durante este semestre (Giordano, Marinelli, Muller, Mandarino,
Leando Díaz y Molina) jugaron muy poco tiempo para realizar un correcto
análisis de sus desempeños.
Domínguez (47,3% de efectividad, 10 ganados, 7 empatados, 9 perdidos):
Esta era la oportunidad que tenía Eduardo de demostrar sus capacidades como DT.
Cumplió. Fue clave para mantener en alto el ánimo de un equipo que tuvo que
pasar por situaciones dificilísimas. Tuvo que hacer malabares para afrontar dos
competencias en muy poco tiempo con un plantel extremadamente corto. Eligió no
elegir uno de los dos frente sobre el otro casi hasta el final y se hizo cargo
de las consecuencias. Fue muy sobrio a la hora de tomar decisiones y de
mostrarse como la cara del grupo. Lo ideal sería que este haya sido el punto de
partida para un proyecto, al menos, a mediano plazo. Domínguez tiene buena
madera con la que trabajar.
CeciQuemera











