Esta vez no pudo ser. Huracán no
tuvo suerte y San Lorenzo convirtió en una de las pocas jugadas claras que
generó. Haciendo un papel muy digno, jugando su partido número 17 en dos meses,
el Globo estuvo a muy poco de meter gol en varias ocasiones, pero la buena
estrella no estuvo de su lado.
Los nervios de San Lorenzo le
jugaron a favor a Huracán al principio del partido. Mucho más ordenado y sereno
incomodó al rival durante un buen rato del primer tiempo. Tuvo dos clarísimas,
una a segundos de empezar el partido, con un remate de González que se fue a
centímetros del ángulo. La otra, también de González, culminó con la pelota
picando en la línea y saliendo. El ciclón mejoró después de la media hora de
juego pero no pudo sacar ventaja.
En el segundo tiempo Huracán se
quedó. Fuera por el cansancio o porque San Lorenzo lo obligó a hacerlo, el club
de Parque Patricios esperó en su campo, aunque dejando espacios que le serían
fatales. A los 14 minutos un centro atrás desnudó la defensa quemera.
Intentando sacarla, Mancinelli la empujó al arco y Blandi terminó de meterla.
El Globo salió a buscarlo, llevándose por delante a un San Lorenzo que decidió
defenderse y probar de contra. Huracán tuvo muchas pero poco claras. El final
fue emocionante. Penal errado por Ortigoza (después de una mano de Bogado, que
debió irse expulsado) y penal evidente no cobrado de Caruzzo sobre Ábila. El
empate no hubiera sido para nada injusto.
Las ausencias de Fritzler y
Montenegro fueron clave. Aun en los mejores minutos del primer tiempo, al Globo
le faltó pausa, le faltó pensar las jugadas, le faltó no atropellarse frente a
un San Lorenzo que por momentos se mostró incómodo. Los dos goles que se perdió
González fueron producto de la mala fortuna y no de la impericia del
mediocampista. Tanto él como Bogado fueron la carta fuerte del equipo en la
primera parte. En la segunda, el apuro pudo más que la cabeza. Huracán fue
protagonista casi desde el gol de San Lorenzo hasta el final, pero no fue capaz
de concretar. Se apeló mucho al pelotazo frontal, aunque también hubo mérito en
los volantes de marca rivales. Es para destacar el gran rendimiento de Marcos
Díaz tapando las pocas pelotas claras que tuvo San Lorenzo (nada que hacer en
el gol) y la garra de Bogado que, más allá de equivocarse en el penal, fue lo
más sólido de la cancha.
Huracán terminó el partido con la
cabeza en alto, pero la bronca queda porque se pudo haber empatado e incluso
ganado. Sin embargo, ahora lo importante es mirar hacia adelante. El martes el
Ducó será una fiesta cuando el Globo juegue el partido de ida por los octavos
de la Libertadores. Todavía queda mucha historia por escribir.
CeciQuemera

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