A cinco meses de haber sumado la
estrella número 12, Huracán volvió a salir campeón. Y lo hizo como se debe.
Sufriendo, con el corazón en el cuello hasta el último minuto. Metiendo un gol
de esos que se recuerdan en los libros. Con mucha confianza en lo que se hacía
(que, le guste a quien le guste, ya le hizo sumar dos copa a las vitrinas). Y
teniendo esa pequeña cuota de suerte que siempre tiene el que sale primero.
Al principio Huracán se vio un
poco ahogado por el juego de River. Le costó hacer pie, pero cuando se dio
cuenta de cuál sería el papel que le tocaría interpretar, el partido empezó a
cambiar de rumbo. Sabiendo que el protagonista era el otro, Huracán intentó
filtrarse por los costados de la cancha, para aprovechar los espacios que
quedaban en el fondo. Y así fue como llegó el gol. A los 21 minutos, Patricio
Toranzo hizo un pase largo junto a la banca, para habilitar a Cristian
Espinoza, que gambeteó a su marcador como si no hubiera pasado los últimos tres
meses lesionado, y envió un centro atrás que se desvió en un rival, pasó de
largo a Ramón Abila y, cuando parecía que el balón se perdía, apareció Edson
Puch en la otra punta del área, para pegarle de primera y mandarla a guardar.
Después de esto, el Globo estuvo más tranquilo. Aún con River asediándolo, tuvo
oportunidades, siempre con Espinoza o Toranzo a la cabeza, de meter el segundo.
Aunque al ingresar a la segunda
mitad, Huracán trató de volver a convertir y estuvo muy cerca, enseguida
decidió que prefería resguardar lo que ya tenía. Le cedió por completo la
pelota a River, que reanudó sus ofensivas con renovado afán. El Globo tuvo que
sufrir al Pity Martínez, que complicó a Federico Mancinelli toda la noche. La
mayoría de las jugadas venía desde ese lateral, y cada centro al área era un
mini infarto en cada corazón Quemero. Huracán dejó de utilizar sus generadores
de juego (que fueron reemplazados futbolistas con más marca) y Abila quedó solo
intentando bajar los esporádicos pelotazos que le mandaban. Los últimos minutos
fueron no aptos para Quemeros con problemas cardíacos. Los jugadores rechazaban
pelotas peligrosas una atrás de otra. Y como para que la epopeya fuera
completa, Marcos Díaz se hizo inmenso bajo los tres palos y sacó dos remates
que todo el mundo ya veía en la red.
Huracán tuvo dos tiempos
completamente distintos. El primero fue de Federico Vismara y la delantera.
Partiendo desde la Bruja, Huracán lastimó de contragolpe. Toranzo volvió a
encontrarse con su mejor versión, gestando la jugada de la victoria con un pase
impecable. Sin dudas, Espinoza fue el que dio ese plus que últimamente le
estaba faltando a la franja delantera del Globo. Complicó siempre a sus
defensores, abrió la cancha para oxigenar las contras, y hasta se dio el lujo
de ganar el duelo de protagonismo con el Pity. Puch no sobresalió tanto en el
global, quizá por jugar con la pierna cambiada, pero marcó el gol con el que
Huracán ganó la Super Copa, y cuando se juntó con Espinoza se entrevió una
sociedad interesante a futuro. Abila fue el que menos apareció, pero con su
presencia inquietó a la defensa millonaria, generando espacio para sus compañeros.
El Segundo Tiempo fue de Vismara y la defensa. La Bruja fue el primer en
impedir el paso de River y ayudó muchísimo a una defensa más sólida en su lado
izquierdo que derecho. Marcos Díaz volvió a impresionar con sus atajadas
salvadores, de esas que hacer preguntarnos si realmente es humano. Es cierto
que River mereció el empate, pero más cierto es que Huracán fue lo
suficientemente firme como para que los centros siempre se fueran para otro
lado. Huracán fue concreto y efectivo, como a Apuzzo le gusta, y aunque se
arriesgó de más al tirarse tan atrás los segundos 45 minutos, fue consistente y
consciente de su decisión y defendió el arco con uñas y dientes.
Hace exactamente cinco meses, en
la mañana de un 26 de noviembre, Huracán no era campeón desde hacía 41 años.
Esa noche se cortó la sequía. Pero eso no era todo. Cuando el Globo más lo
necesitaba, cuando Apuzzo empezaba a ser cuestionado, ocurrió lo que Néstor
siempre afirmó sobre el equipo. Estos jugadores rinden más cuando la meta se ve
más lejana, cuando todos dicen que no, cuando parece más imposible que posible.
Este título es de ellos. Y es de la hinchada, que todavía no se había terminado
de acostumbrar a ser campeón de la Copa Argentina. Volvemos a estar en lo más
alto, y es increíble poder escribir eso.
Salud, supercampeones.
CeciQuemera.

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