Jugó como tenía que jugar, y un
poco más también. Huracán no se achicó por la presión de ganar ni por el rival,
y fue decididamente superior al que, a priori, se pensaba el equipo más difícil
del grupo. Fue impecable en todas sus líneas, y por eso ahora está a tres
puntos de los octavos de final.
Huracán fue el protagonista apenas
se inició el partido. Se encontró con un Cruzeiro que parecía dispuesto a
defender el cero los 90 minutos. El Globo le desbarató los planes. A los 14
minutos, un pase de Lucas Villarruel a Ramón Abila (adelantado por muy poco) lo
dejó en el área para que eludiera al arquero y abriera el marcador. Sin querer
arriesgarse a que lo empataran, Huracán siguió buscando otro gol, que llegó a
los 25, con un centro atrás de Edson Puch después de que dejara desparramados a
los defensores de Cruzeiro, para que, nuevamente, Abila la metiera adentro del
arco. Sin retrasarse, pero tampoco sin buscar desesperadamente el tercero,
Huracán tuvo la pelota y no dejó que Cruzeiro se acercara al descuento.
Obligado por el resultado, el
equipo brasilero se hizo de la pelota al comenzar la segunda parte. Confiado
por los dos goles de distancia, el Globo lo dejó hacer. Como las intenciones lo
anunciaban, a los 15 Damiao metió el 2-1 de penal, por una falta cometida por
Eduardo Domínguez. Huracán no dio tiempo a su hinchada para que lo lamentara
porque dos minutos más tarde, Federico Mancinelli selló el resultado definitivo
de cabeza, después de un tiro libre de Alejandro Romero Gamarra y buenas
cortinas de Puch y Abila. Cruzeiro ya no encontró cómo reaccionar y, pese a que
tuvo algunas jugadas interesantes, la victoria de Huracán no peligró. El Globo
fue nuevamente protagonista y se sumó a la fiesta de las tribunas.
A Huracán le salió todo bien. Fue
efectivo, rápido de reacciones, contundente. Todo lo que le faltó en el partido
con Universitario, lo tuvo frente a Cruzeiro, que fue más pálido que sus
fantasmas. Empezando de atrás para adelante, el primero fue Marcos Díaz, que
pese a haber sido vulnerado en el penal, fue una garantía en el resto de las
ocasiones. La defensa volvió a mostrarse en un nivel alto, tanto sus centrales,
que (quitando la falta que desembocó en el gol rival) fueron muros para los
brasileros, como sus laterales, que aportaron su firmeza para evitar
filtraciones por los costados y su inteligencia para atacar e, incluso, meter
gol. Federico Vismara y Villarruel, que vuelven a ser titulares indiscutibles,
fueron quienes menos se equivocaron en todo el encuentro. Ordenaron al equipo
dando tranquilidad a la defensa y posibilidades al ataque. La franja creativa, especialmente
Puch, logró que Wanchope no se sintiera solo adelante, y también ayudó en la
recuperación. El propio Abila tuvo un partido soñado. Cuando el bien
acompañado, es capaz de hacer goles, gambetear defensores y generar jugadas. Es
mucho el potencial escondido en el número 9 de Huracán. El Globo ganó porque
supo qué hacer cuando tuvo la pelota. Se fijó un objetivo y, en vez de
atropellarse para alcanzarlo, lo persiguió con inteligencia. Cuando Huracán se
tranquiliza y utiliza bien los talentos de sus jugadores, es un rival a temer.
Cuando parecía que no había
salidas del mal momento futbolístico, Huracán ganó por la Libertadores, mantuvo
las posibilidades de pasar de fase y, en cierto punto, justificó un poco la
menor importancia que le está dando al torneo local. Por ahora, el Globo tiene
justificadas esperanzas de seguir dando qué hablar en el plano internacional.
CeciQuemera.

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