Sumando la tercera victoria consecutiva en el torneo, Huracán
muestra que no sólo promete si no que después cumple. Superó a
Tigre, se mostró sólido y empieza a avisar que es un equipo para no
sacarle los ojos de encima.
El primer tiempo, con un ritmo bastante intenso, fue de ida y vuelta.
Tigre fue quien más tuvo la pelota pero Huracán se anotó las
jugadas más claras. Sin ir más lejos, Chávez nuevamente
desperdició en el minuto 11 un penal que le atajó Batalla. Pese a
este traspié, el Globo no perdió la concentración. Sin descuidarse
atrás, avanzó especialmente por las bandas y el problema lo
encontró más adelante, tanto por la falta de precisión como por
las buenas atajadas del arquero de Tigre.
Las emociones no desaparecieron en la segunda parte aunque sí se
perdió un poco de claridad en el juego. Sin embargo, eso no evitó
que llegaran los goles. Huracán siguió insistiendo con los avances
por los laterales, y precisamente el primero llegó a los 30 a partir
de una subida de Chimino hasta el fondo que se transformó en un buen
centro para que Garro cabeceara. Un minuto antes Lucas Rodríguez
había visto la roja en Tigre y eso se notó en los espacios que
encontró el Globo. Como era de esperarse, Huracán mantuvo la
firmeza defensiva pero no se retrasó luego de encontrarse en
ventaja. Supo neutralizar al rival y, ya sin tanta asiduidad, buscó
el segundo. Parecía que el partido estaba terminado, pero a los 49
minutos, Mendoza tomó una pelota a medio camino entre el círculo
central y la medialuna del área y remató convirtiendo un golazo que
se siguió gritando después de que el árbitro pitara el final.
El rendimiento de Huracán volvió a ser predecible e impredecible al
mismo tiempo. El equipo de Alfaro hizo lo que se esperaba y aun así
fue imposible para Tigre evitarlo. La defensa mejora partido tras
partido y la vuelta de Mancinelli sumó confianza. Marcos Díaz tuvo
que intervenir poco, y cuando lo hizo, respondió como ya nos tiene
acostumbrados. El mediocampo realizó por momentos un trabajo
silencioso, ocupando espacios incluso (o especialmente) cuando no
tenía la pelota. Aunque en la primera parte Tigre pareció tener
controlados sus movimientos en la creación de juego, la presencia de
Rossi y Damonte siempre fue molesta y nunca lo dejó terminar de
adueñarse de la cancha. Adelante, y como ya viene mostrando desde
hace algunos partidos, Huracán se encargó de que sus ataques
fueran numerosos, lo que permitió volver a cubrir el bajón
futbolístico de Chávez. No se trató solamente de los volantes
ofensivos (mención especial para Gamba y Auzqui que siguen
levantando el nivel y tienen cada vez más intervenciones acertadas).
Los laterales también contribuyeron para quebrar el fondo de Tigre y
convirtieron a Huracán en un equipo peligroso cuando se decidía a
pasar la mitad de la cancha. El Globo tuvo paciencia, no perdió el
orden y no se resignó al empate. Se vio la voluntad de llevarse los
tres puntos tanto en la cancha como en los cambios; de hecho, los
goles llegaron desde el banco. Con confianza, pero sin confiar en el
rival, no se complicó innecesariamente. Incluso cuando Tigre tenía
uno menos y ya no daba señales de reaccionar, el Globo convirtió un
segundo gol y selló la victoria con autoridad.
El equipo de Alfaro vuelve a generar expectativas. De lo que haga en
los próximos partidos dependerá que se conforme con ser una muy
molesta piedra en el zapato o interpretar un papel un poco más
protagonista en el desarrollo del campeonato. Tiene las herramientas,
tanto futbolísticas como emocionales, para plantearse objetivos
ambiciosos.

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