Presentando varios cambios en el equipo, tanto en lo táctico como en
los nombres, Huracán mostró una cara completamente diferente a la
que había ofrecido en el partido pasado. Pisó fuerte y si no ganó
fue porque todavía faltan ajustar cosas en la delantera.
Salvo por algunos tímidos intentos de Boca al principio del partido,
Huracán se hizo cargo de tomar la iniciativa. Presionando al rival y
asegurándose de no darle respiro, se convirtió en protagonista y
evitó que la pelota llegara a Marcos Díaz en casi toda la primera
parte. Con un juego muy preciso hasta tres cuartos de cancha una y
otra vez llevó juego hacia adelante, pero la delantera no estuvo
nunca a la altura de las circunstancias y la mayoría de las jugadas
terminaron en remates mal direccionados o fáciles de resolver para
el arquero.
En la segunda parte Huracán perdió precisión con el correr de los
minutos, pero no así la iniciativa. Se notó una merma en la calidad
del juego por la salida de Walter Pérez (se retiró lesionado a los
40 del primer tiempo) y la baja en el ritmo de jugadores como Auzqui
pero sobre todo Roa. Boca encontró más espacios a partir de esto,
pero no pareció muy interesado en alcanzar la victoria y no molestó
tanto a la defensa del Globo. Huracán, ya sin la lucidez que había
mostrado al principio, siguió buscando el gol pero, una vez más, la
mala definición significó que el partido terminara con el marcador
en cero.
Con presencia en el mediocampo Huracán fue un equipo completamente
renovado. A partir del eje Damonte-Rossi el Globo pudo construir su
juego y detener el de Boca. La mayor parte del encuentro dio la
sensación de que el control de lo que sucedía lo tenía el local.
Tanto por esta ayuda de los volantes como por una mejoría concreta,
la defensa liderada por un Mancinelli muy despierto estuvo mucho más
sólida y se dio el lujo de proyectarse al ataque sin que eso
significara dejar huecos preocupantes en el retroceso. Las ofensivas
fueron más peligrosas a partir de una cantidad y calidad superior de
los jugadores que intervinieron. Los cuarenta minutos que Walter
Pérez estuvo en cancha significaron que Huracán fuera un equipo con
mucho aire adelante del círculo central y su salida se notó. Sin
embargo, fue el debut de Roa lo que se llevó todas las miradas.
Aportó una cuota de imprevisibilidad, pausa y elegancia que, si se
mantiene en el tiempo, será la solución a esa falta creativa que el
Globo venía sufriendo. Si algo se vio en el equipo fue que supo cómo
distribuir la pelota, pero faltó que la delantera se acoplara al
ritmo del equipo para poder ganarlo. Malos centros, decisiones
erradas en los pases y un Chávez que no tuvo la presencia en el área
que se esperaba evitaron que Huracán convirtiera el gol que buscó
todo el partido. El rendimiento casi impecable del Globo hasta tres
cuartos de cancha no alcanzó para suplir las falencias de los
delanteros.
Este es la imagen que se esperaba mostrara Huracán. Se lo vio
cómodo, coordinado, firme, preciso y con hambre de victoria. Si la
tarea ofensiva levanta el nivel y logra sumarse a un rendimiento
colectivo como el que le hizo frente a Boca, este equipo va a dar que
hablar.

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