El partido podría haber salido completamente al revés para Huracán,
pero con goles en los momentos clave y sufriendo bastante más de la
cuenta frente a un rival que no tenía por qué ser un desafío, se
quedó con los tres puntos.
El partido fue parejo hasta que el Globo convirtió su primer gol. A
los 16 minutos, Chávez aprovechó un mal cierre de la defensa de
Temperley y quedó solo frente al arquero, que nada pudo hacer. A
partir de ese momento, Huracán retrocedió muy poco
inteligentemente. Temperley se adelantó de forma bastante
desordenada pero los espacios que le dejó el Globo consiguieron que
preocupara a los defensores. Marcos Díaz hizo gala de sus
capacidades en repetidas ocasiones, convirtiéndose en el máximo
responsable de no llegar al entretiempo con un empate.
Huracán entró a la segunda parte con otro chip. Salió a buscar el
segundo y lo encontró en seguida. Esta vez fue el turno de Pussetto
de vulnerar el fondo de Temperley y picarla sobre el arquero, a los
11 minutos. Al contrario que en el primer tiempo, Huracán creció a
partir del gol. Tanto en lo futbolístico como en lo emocional fue
más que su rival y tuvo varias jugadas en las que pudo haber
liquidado el partido. Sin embargo, un error en un despeje que derivó
en el descuento de Sosa a los 34 minutos cambió las cosas. De nuevo
el Globo perdió el control del partido. A base de pelotazos,
intervenciones de Marcos y malas decisiones del rival, sorteó los
últimos momentos del partido con el corazón en el cuello.
La pregunta evidente es por qué Huracán tuvo que sufrir frente a un
equipo como Temperley. Y no sólo en el final. En la primera parte,
después del gol, no fue un rival demasiado firme. Gran parte de la
victoria se debe a las atajadas de Marcos, que en seguida lo
convirtieron en figura. En la segunda parte, no pudo lograr que la
supremacía durara hasta el final del partido. Durante un rato fue un
equipo rápido, ligero, que sabía que era capaz de romper la defensa
rival. Pussetto volvió a llevar la batuta pero Chávez también
ocupó espacios inteligentemente y el mediocampo acompañó, no
dejando que lo superaran en mitad de cancha. Sin embargo, alcanzó un
gol de Temperley para que el equipo se desarmara. Lo que antes eran
pases filtrados hacia adelante se transformaron en pelotazos que
inevitablemente volvían al punto de partida. El local se envalentonó
en parte por esa desorientación de Huracán. No es la primera vez
que al Globo le convierten y se le desajustan todos los planes que
hasta hacía unos minutos atrás le estaban funcionando. Esta vez,
Temperley, más allá de la voluntad, no fue un rival con demasiadas
herramientas para inquietar. Por eso, y más allá de las
inseguridades que se evidenciaron en el primer tiempo y en los
últimos quince minutos de partido, Huracán fue más.
El Globo se mantiene en los puestos de copa y empieza a pedir permiso
para ingresar a la zona de Libertadores. De que encuentre la
regularidad depende que este final de temporada sea lo que se espera.
Y esa regularidad va a estar más cerca mientras Huracán sea ese
equipo de después del gol de Pussetto.

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