martes, 13 de febrero de 2018

Huracán 2-3 Rosario Central


Huracán suma su segunda derrota consecutiva aunque dejó una imagen diferente a la preocupación del partido anterior. Fue un equipo con amor propio y algunos recursos que, sin embargo, no le alcanzaron para conseguir un empate que, por el desarrollo del encuentro, merecía.

Una vez más, el Globo inició el partido esperando a su rival. Una vez más, antes de los diez minutos de juego, ya estaba un gol abajo, esta vez por un cabezazo en el área chica de Zampedri que superó a toda la defensa. Recién a partir de ese momento Huracán entendió que iba a ser imprescindible que hiciera goles. Reaccionó con más fuerza de voluntad que ideas pero consiguió empezar a ocupar espacios en el medio. Le costó transformar todas esas jugadas en remates al arco y en una contra de Central cuando la primera parte terminaba, pagó caro los errores defensivos y se fue al entretiempo perdiendo por dos goles, gentileza de Herrera.

Pero esa diferencia no desarmó al equipo. Por el contrario, el Huracán que salió a la segunda parte parecía capaz de dar vuelta el partido. A partir de la batuta de Pussetto, el Globo fue a buscar el gol ocupando espacios más inteligentemente que en el primer tiempo. El gol llegó recién a los 19 minutos, con un centro atrás de Nacho que Damonte mandó a la red, pero el control del partido desde hacía un rato ya era por completo del local. Parecía cuestión de minutos que el empate llegara. A los 27, Martínez cubrió a su arquero tapando con la mano un remate de Damonte y el árbitro pitó penal. Coniglio no lo aprovechó y mandó la pelota muy por arriba del travesaño. El Globo siguió insistiendo, pero a los 42 Pereyra metió el tercero de Central tomando un rebote de Marcos Díaz. Cuando el partido parecía terminado, Damonte hizo lo mismo en el área del visitante y estiró la definición unos minutos más. Huracán estuvo cerca del empate, pero ya no pudo cambiar la historia.

La cara del equipo, pese a la derrota, fue muy distinta a la del partido pasado, sin embargo hay una pregunta que se repite: ¿vale la pena esperar al rival si eso significa empezar siempre abajo en el marcador? Más allá de eso, Huracán tuvo la actitud que le faltó frente a Racing y se dedicó a buscar el empate. En el primer tiempo chocó con los malos rendimientos de Toranzo y Noir, que condicionaron las posibilidades ofensivas del equipo. Estuvieron lentos e imprecisos y en parte por eso al Globo le costó inquietar al arquero rival. Ni siquiera estar dos goles abajo melló la moral. En la segunda parte casi todas las jugadas se armaron al rededor de Pussetto, que se la pasó resolviendo situaciones tanto en el ataque como, por momentos, en la defensa. Huracán delegó demasiado en un solo jugador y recién con el ingreso de Montenegro el mediocampo consiguió ese volumen que le estaba faltando. El Rolfi, junto con un Damonte más ofensivo que volvió a ser el de los primeros partidos, abrió la cancha y le dejó más espacios a Pussetto para que fuera más incisivo. El error de Coniglio terminó siendo lo que sentenció el resultado final.

En este partido se hizo evidente que la actitud es realmente importante, pero no lo único para poder ganar los partidos. Hay huecos en la defensa que ya son figurita repetida (Villalba especialmente). La precisión en los pases y la buena definición frente al arco también son clave. En la delantera Huracán tiene los jugadores para moverse con astucia y complicar más a los rivales. Si son acompañados por un mediocampo que se hace cargo de sus responsabilidades, se ve a un equipo peligroso, que además de merecer, puede ganar.


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