Huracán suma su segunda derrota consecutiva aunque dejó una imagen
diferente a la preocupación del partido anterior. Fue un equipo con
amor propio y algunos recursos que, sin embargo, no le alcanzaron
para conseguir un empate que, por el desarrollo del encuentro,
merecía.
Una vez más, el Globo inició el partido esperando a su rival. Una
vez más, antes de los diez minutos de juego, ya estaba un gol abajo,
esta vez por un cabezazo en el área chica de Zampedri que superó a
toda la defensa. Recién a partir de ese momento Huracán entendió
que iba a ser imprescindible que hiciera goles. Reaccionó con más
fuerza de voluntad que ideas pero consiguió empezar a ocupar
espacios en el medio. Le costó transformar todas esas jugadas en
remates al arco y en una contra de Central cuando la primera parte
terminaba, pagó caro los errores defensivos y se fue al entretiempo
perdiendo por dos goles, gentileza de Herrera.
Pero esa diferencia no desarmó al equipo. Por el contrario, el
Huracán que salió a la segunda parte parecía capaz de dar vuelta
el partido. A partir de la batuta de Pussetto, el Globo fue a buscar
el gol ocupando espacios más inteligentemente que en el primer
tiempo. El gol llegó recién a los 19 minutos, con un centro atrás
de Nacho que Damonte mandó a la red, pero el control del partido
desde hacía un rato ya era por completo del local. Parecía cuestión
de minutos que el empate llegara. A los 27, Martínez cubrió a su
arquero tapando con la mano un remate de Damonte y el árbitro pitó
penal. Coniglio no lo aprovechó y mandó la pelota muy por arriba
del travesaño. El Globo siguió insistiendo, pero a los 42 Pereyra
metió el tercero de Central tomando un rebote de Marcos Díaz.
Cuando el partido parecía terminado, Damonte hizo lo mismo en el
área del visitante y estiró la definición unos minutos más.
Huracán estuvo cerca del empate, pero ya no pudo cambiar la
historia.
La cara del equipo, pese a la derrota, fue muy distinta a la del
partido pasado, sin embargo hay una pregunta que se repite: ¿vale la
pena esperar al rival si eso significa empezar siempre abajo en el
marcador? Más allá de eso, Huracán tuvo la actitud que le faltó
frente a Racing y se dedicó a buscar el empate. En el primer tiempo
chocó con los malos rendimientos de Toranzo y Noir, que
condicionaron las posibilidades ofensivas del equipo. Estuvieron
lentos e imprecisos y en parte por eso al Globo le costó inquietar
al arquero rival. Ni siquiera estar dos goles abajo melló la moral.
En la segunda parte casi todas las jugadas se armaron al rededor de
Pussetto, que se la pasó resolviendo situaciones tanto en el ataque
como, por momentos, en la defensa. Huracán delegó demasiado en un
solo jugador y recién con el ingreso de Montenegro el mediocampo
consiguió ese volumen que le estaba faltando. El Rolfi, junto con un
Damonte más ofensivo que volvió a ser el de los primeros partidos,
abrió la cancha y le dejó más espacios a Pussetto para que fuera
más incisivo. El error de Coniglio terminó siendo lo que sentenció
el resultado final.
En este partido se hizo evidente que la actitud es realmente
importante, pero no lo único para poder ganar los partidos. Hay
huecos en la defensa que ya son figurita repetida (Villalba
especialmente). La precisión en los pases y la buena definición
frente al arco también son clave. En la delantera Huracán tiene los
jugadores para moverse con astucia y complicar más a los rivales. Si
son acompañados por un mediocampo que se hace cargo de sus
responsabilidades, se ve a un equipo peligroso, que además de
merecer, puede ganar.

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