Hacía falta ni
más ni menos que un milagro. Tres goles abajo, con un equipo lleno de suplentes
por suspensiones y un presente que no daba para ilusionarse. Contra todo pronóstico,
Huracán construyó su propio milagro, convencido en todo momento de que la
historia no estaba sentenciada. Y dio el batacazo.
Huracán lo
buscó de entrada, sabiendo que corría desde muy atrás y el rival no se la iba a
hacer fácil. Sin embargo, Anzoátegui contaba con una ventaja que parecía
irremontable y en eso se escudó durante todo el partido. Se dedicó a hacer
tiempo siempre que pudo y casi no intentó atacar, lo que le dio al Globo
bastante libertad de acción. Tuvo un par de jugadas muy claras, bien resueltas
por el arquero, hasta que finalmente abrió el marcador. A los 22, tras un
remate de Romero Gamarra que un defensor rival sacó en la línea con la mano,
Mendoza, sin complicarse ni especular con la expulsión y el penal, empujó la
pelota a la red. El ritmo vertiginoso disminuyó un poco en lo que quedó del
primer tiempo pero en ningún momento Huracán perdió de vista el objetivo.
La remontada
seguía pareciendo un sueño al comenzar la segunda parte, pero eso no se notó
anímicamente en el equipo. En apenas tres minutos, transformó esa esperanza en
algo muy real. A los 7, Briasco convirtió de cabeza tras un buen centro de
Montenegro y a los 10, el debutante Cuomo tomó la pelota en la medialuna del
área y pateando como un jugador con años de experiencia, la mandó a guardar con
firmeza y precisión junto al palo. Al Globo siguió jugándole a favor el planteo
de Anzoátegui, que pareció decidir que prefería aguantar y definir desde el
punto penal. De todas formas, la defensa respondió bien cuando el rival tomó
conciencia de que podía salirle cara la apuesta a mantener el empate global. Pero
Huracán no quería dejar la hazaña inconclusa. Le costó llegar al cuarto. Con el
equipo cada vez más cansado tras el correr de los minutos, no tuvo jugadas tan
claras y hubo que esperar al tercer minuto de descuento. Romero Gamarra recibió
en la esquina del área chica una pelota larga de Chacana y la metió en el otro
palo, haciendo realidad una clasificación que dos horas antes parecía
imposible.
Con un planteo
indudablemente ofensivo, lleno de delanteros y mediocampistas creativos y con
una línea de tres atrás, Huracán jugó sabiendo que tenía que hacer como mínimo
tres goles para mantenerse en carrera. Sin embargo, esto no hizo que los
jugadores se desesperaran y apelotonaran en el área, cosa que suele pasar
cuando el resultado apura a este equipo. Se notó el buen pie de quienes
ocuparon la mitad de la cancha y a partir de eso el Globo avanzó firme y seguro
hacia el arco de Anzoátegui. Montengro volvió a ser el eje del juego, y Romero
Gamarra se puso el equipo al hombro los 90 minutos. No se extrañó a un jugador
importantísimo como Fritzler y eso es una gran señal. Quienes tuvieron que
ocupar espacios en los que normalmente no se desempeñan, lo hicieron muy
correctamente. Araujo por momentos jugó de líbero y jamás mostró inseguridades.
Chacana tuvo que hacer el lateral derecho todo el partido y no sufrió grandes
contratiempos. El pibe Cuomo tuvo un debut para el recuerdo y da que hablar a
futuro. El único que tuvo influencia negativa en el equipo fue Angulo, sin
claridad cuando se acercaba al área rival. Había dudas al principio del partido
por cómo se paró el equipo, pero Azconzábal supo leer la situación y al rival,
y tuvo su recompensa.
Que Anzoátegui
haya ofrecido poco y nada de ninguna manera resta mérito a lo hecho. Huracán
remontó un 0-3 e hizo historia cuando nadie le tenía fe. Volvió a pisar fuerte
en el terreno internacional y clasificó a la siguiente fase de la Sudamericana,
sorprendiendo a propios y extraños y demostrando que jamás se lo puede dar por
muerto.

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