Huracán mereció el empate. Mereció
llevarse una recompensa por ese gran segundo tiempo que hizo. Pero no alcanzó
con eso. El Globo pagó la falta de eficacia en la primera parte y el pobre
mercado de pases de principios de temporada. Sin embargo, este equipo demostró
que no está para nada muerto. Este Huracán tiene algo que decir.
El Globo tuvo mucho más volumen de
juego que Sporting Cristal. Desde el inicio fue más insistente para atacar y
molestó bastante a la defensa rival. Pese a eso, el equipo peruano fue más
efectivo. Rápidamente identificó cuál era el flanco débil de Huracán y lo
aprovechó. El juvenil Sosa, improvisado lateral izquierdo, vio dos veces cómo
le ganaban la espalda y las dos veces la pelota terminaba en la red.
Los cambios para el segundo tiempo
(Abila por Villarruel, Bogado por Fritzler y más tarde Romero Gamarra por
Miralles) demostraron que Huracán no daba nada por perdido. Pero las cosas
siguieron complicándose. A los 10 minutos Sosa empujó a un rival que estaba
solo en el área y el árbitro dijo penal y expulsión para el juvenil. A pesar de
todo, Huracán no se dio tiempo a desesperarse. Un minuto después del tercer gol
de Sporting, Wanchope se encontró con un rebote en el área y la mandó a
guardar. Nunca se notó que el Globo perdía por dos y con un jugador menos. El
equipo salió a atropellar a Sporting Cristal y por un largo rato lo logró. A
los 31, Espinoza paró la pelota en la medialuna y la filtró con maestría para
que Abila quedara solo frente al arquero y la picara. El empate estaba al caer,
pero Huracán no llegó. Ya no había resto físico y en los últimos minutos
Sporting hizo lo que no había hecho antes: enfriar el partido.
El segundo tiempo de Huracán fue
titánico, pero no hay que olvidar que, a excepción de los errores de Sosa, que
no funcionó como parche para una posición que no tiene recambio, la primera parte
también fue buena. Faltó esa última puntada que determina el resultado de un
partido. González, Espinoza, el mismo Wanchope tuvieron buenas oportunidades
que no concretaron. Por otro lado, es una gran noticia el nivel que tuvo
Marinelli, con atajadas que fueron clave para mantener el ánimo del equipo,
además de la reaparición del Cristian Espinoza que conocemos. El mérito de
Huracán fue no darse por vencido ni siquiera estando tres goles abajo. Jugó en
equipo, presionó muy bien en el mediocampo y estuvo a punto de llevarse el
premio.
Se viene el parate de la
Libertadores, pero el Globo no tiene descanso. En las próximas semanas deberá
recuperar los partidos postergados del torneo e intentará despegarse más del
fondo de la tabla de promedios. Este equipo, aun sin mucho recambio, tiene y
material y el orgullo necesarios para salir airoso de la situación.
CeciQuemera

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