ADN Quemero y Revolución Quemera se unen para analizar la medida que tanta controversia ha generado entre los hinchas de Huracán. Cecilia Lazzarini, de ADN Quemero, y Agustín Macri, representante de Revolución Quemera, nos dan su perspectiva acerca de esta decisión tan comentada.
Corría el mes de junio de 1967. Huracán venía más o menos
bien y el partido con Boca pintaba interesante. Por eso, cuando Rodolfo le
preguntara si quería acompañarlo a la cancha, Juan, aunque no fuera hincha, no
lo dudaría demasiado.
Se subirían al último vagón del tren y Juan le preguntaría a
Rodolfo qué tal veía al Globo. Rodolfo diría que estaba teniendo un campeonato
bastante irregular pero que no era para nada imposible jugarle y ganarle a
Boca. Bajarían en la estación Buenos Aires y cruzarían los andenes y los
galpones para llegar al Ducó desde el lado de la Miravé. Irían a la tribuna y
Rodolfo se pondría a charlar con la gente que estaba cerca. Juan se
sorprendería gratamente cuando lo incluyeran a él en la conversación aunque de
Huracán supiera bastante poco.
Durante el transcurso del partido Juan se descubriría
frunciendo el ceño y apretando los puños cuando Boca metiera su gol. Después,
miraría el reloj de reojo para saber cuánto tiempo le quedaba al Globo para
revertir la situación. Y sin que fuera completamente consciente de eso, se
encontraría abrazando a un Rodolfo emocionado por el golazo de Loayza que
marcaría el empate. Le sonreiría a los hinchas de tenía a su alrededor, que
empezarían a elogiar las cualidades técnicas de ese jugador para dejar pagando de
aquella manera al defensor. Volvería a mirar el reloj, esta vez para ver si el
tiempo daba para meter otro gol, sin saber muy bien por qué eso le importaba.
Pasarían dos partidos antes de que Juan empezara a ir a la
cancha sin que lo invitaran, y tres más hasta que pensó en tener su propio
carnet. Poco a poco, su corazón comenzaría a tomar forma de…
Pero no. Unos días antes del partido contra Boca, el club
anunció que sólo podrían ingresar al estadio quienes fueran socios. A Rodolfo
ni siquiera se le ocurrió preguntarle a su amigo si lo acompañaba. Le dijo a
Hugo, que vivía más lejos que Juan pero estaba asociado al Globo.
Y Juan se quedó sin ver el gol de Loayza. Se quedó sin la
alegría del empate. Jamás pensó en pasar por Avenida Caseros para hacerse socio
de Huracán. Años más tarde no tuvo él la oportunidad de emocionarse por las
maravillas que hacía el Huracán del 73. Ni tuvo que molestarse con Menotti
cuando se llevó a todos los delanteros del Globo a la selección. Ni lloró
cuando se fueron al descenso por primera vez en la historia (ni sintió esa
pequeña satisfacción por saber que de todas formas los cuervos se habían ido
primero). Tampoco pudo sonreír con nostalgia cuando su hijo le preguntó si
Mohamed jugaba tan bien como Larrosa. No tuvo que angustiarse por finales
perdidas ni descensos repetidos. No tuvo que enojarse con equipos insulsos ni
arbitrajes claramente perjudiciales. No tuvo que amargarse al ver viejas
glorias lastimando al club. No fue a defender la Quemita. No vio a Huracán
campeón después de 41 años.
No pudo llegar a ser hincha de Huracán. Le negaron la
posibilidad de hacer propio al club más hermoso del mundo. Y Huracán, desde
entonces, tuvo un hincha menos.
¿Cuántos hinchas como Juan estaremos perdiendo?
Cecilia Lazzarini
@ceciquemera
Socia A12529
El 20 de noviembre de 2015, a pocos días de la semifinal de
la Copa Sudamericana, Alejandro Nadur dispuso que sólo los socios podían
asistir a dicho encuentro. La medida tuvo resultados discutibles: se sumaron
poco más de 5000 socios –alcanzando la cifra de 22.000, según declaró el
presidente en “Por siempre globo” – y se pusieron al día aquellos que debían
cuotas; pero la cancha no estuvo colmada a pesar de que el club llegaba a una
instancia importante. La transparencia en los números nunca fue una de las principales
virtudes de esta comisión directiva: a minutos de comenzar el partido, el
presidente afirmó que habría 30.000 personas en el estadio. O había gente que
ingresó sin carnet (infiltrado o con entradas de protocolo), o los números
verdaderamente no cerraban.
La decisión continuaría en la final, y para sorpresa de los
quemeros, también en lo que va del 2016. Más tarde, se daría a conocer una
noticia preocupante: habían desaparecido más de 5000 entradas vendidas ante
Defensor Sporting. Alguien se había robado la recaudación. Las convocatorias
del globo serían regulares: entre 12.000 y 15.000 personas por encuentro, más
los beneficiados por entradas de protocolo.
¿El club necesita socios? No hay ningún tipo de dudas. El
ingreso de la cuota social va todo a Huracán, mientras que el valor de las
tickets va, en buena parte, a la AFA; sin embargo, los dirigentes nos deben
explicaciones: en primer término, el presidente declaró que los socios somos
sus patrones, en ese caso, ¿por qué no escuchó los constantes reclamos de los
mismos? En segundo término, ¿con qué lógica se excluye a los no socios, cuando
el estadio tiene capacidad para 48.314 personas, y Huracán tiene 19.000 socios?
En tercer término, ¿en qué punto Huracán se ve beneficiado
con que sólo 100 o 200 socios paguen los $200 que cuesta la Miravé, cuando
podría bajarse el precio de $100 para los socios, y habilitar la venta a no
socios a $400? Me dirán que a esa persona le es conveniente asociarse. No es
así, porque los hinchas del globo pagamos aproximadamente $3000 de cuota por
año (contando los aumentos y sin incluir el valor de la Miravé) y asumiendo que
este quemero sólo viene a la cancha tres encuentros por año, estaría abonando
$1200.
En cuarto término, si el problema que obligó a Nadur a
aplicar esta medida es el robo de la recaudación de un partido, ¿por qué no se
deja la venta de entradas en manos de alguien más idóneo? El tema es grave, hay
una denuncia penal efectuada por el mandamás del globo, pero se deben tomar
todos los recaudos necesarios para que los hinchas no se vean afectados.
Pensando en términos empresariales, ¿el presidente dejaría de vender autos si
descubre que uno de sus empleados se está robando parte de la recaudación? El
sentido común indica que se debe apartar a quien cometió el ilícito, no cerrar
la empresa. ¿Confiará en quienes cobran las cuotas sociales?
Los puntos negativos son innumerables: en primer lugar, el
club se achica. Se reduce a “los de siempre”, los que no faltan al Ducó. Los
eventuales simpatizantes, o futuros nuevos hinchas, buscarán otros destinos, lo
que a largo plazo es muy perjudicial. En el momento en el que está Huracán,
siendo protagonista tanto del torneo local como de la Copa Libertadores, cada
vez son más los simpatizantes del globo –incluso de otros países–. Flexibilizar
la medida permitirá que puedan enamorarse del club y del palacio, porque, a
decir verdad, la mayoría de nosotros primero conoció el Ducó como invitado, y
luego se enamoró.
A los inconvenientes que trajo la decisión del presidente,
se le suman los irrisorios horarios y formas de venta de entradas que se han
suscitado en estos últimos meses: tuvieron lugar en días de semana, en horarios
de trabajo, y en la sede social. En tiempos de modernidad informática, es
inexplicable el atraso del club. Mercado Pago, Pago Fácil, Rapipago, tarjeta de
crédito, descuentos a quienes pagan con débito autómatico, bajar el precio de
la Miravé y la aplicación de un plan familiar podrían ser opciones interesantes
para captar nuevos socios.
¿Será tarde ya para atraer a esta generación de
simpatizantes (y potenciales socios)? Ojalá que no. En materia económica, el
cerrojo trae inconvenientes, pero la liberalización total también. Será
necesario, entonces, darle todos los beneficios necesarios a los socios para que
nunca más se alejen del club, y abrirle las puertas a los simpatizantes, es
decir, a aquellos que recién se están acercando al club o a quienes no están en
condiciones de abonar una cuota todos los meses y sólo pueden asistir al
estadio eventualmente.
La disposición del presidente también tuvo importantes
ventajas: en enero del 2015, 7.000 personas abonaron su cuota, mientras que en
enero de este año, el número ascendió a 19.000. Es decir que permitió que
aquellos hinchas que habitualmente concurren al Ducó regularicen su situación,
o decidan asociarse. Es menester generar una cultura de socio. Los socios son
los dueños del club, y si no nos comprometemos, no estamos en condiciones de
exigir nada (la continuidad de Ábila, por ejemplo).
Quitar la medida también abriría otros interrogantes:
¿dejarán de ser socios aquellos que ya lo eran? Para ello las soluciones son
las ya mencionadas: el precio del ticket debe ser considerablemente alto ($300
o $400, por ejemplo) y estará destinado a aquellos que desean conocer el Ducó,
o a quienes asisten al estadio de forma aislada. Para seguir vivo, el club
necesita que los socios paguen su cuota todos los meses (más allá de los
ingresos de publicidad y de televisión, los clubes son sociales, no sociedades
anónimas) pero a la vez no debe olvidarse de los nuevos hinchas (potenciales
socios) o de los simpatizantes que desean acercarse al palacio.
El cepo que están aplicando permitió aumentar
sustancialmente el número de socios, pero también nos quitó la posibilidad de
sumar hinchas; mientras que –a lo largo de nuestra historia– la apertura
indiscriminada fue perjudicial para las arcas del club, porque el dinero de los
tickets iba a la AFA y no a Huracán, y luego era imposible retener a los
jugadores más destacados, llegaban los descensos, y otras situaciones trágicas
de las que nos hemos levantado, en parte, gracias a esta comisión directiva,
que cometió muchos errores, pero también tuvo aciertos.
Para enamorarse, primero tenés que ver a tu pretendida o
pretendido. Existe el amor a primera vista. El amor sin vista, imposible; pero
también para amar, hay que comprometerse. Démosle oportunidad al no socio de
abrazar esta pasión, pero si nace el amor, instemos, como club, a que haya
también compromiso. Que ambas cosas –pasión y compromiso– se liguen en una
armonía que permita que Huracán siga creciendo. Abrámosle la puerta a los
simpatizantes, pero que sepan que el club los necesita SOCIOS.
Agustín Macri
@Agustin_Macri
Socio A5819
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