Finalmente se disputó el partido que se venía postergando hace
semanas, y probablemente hubiese sido más entretenido que en la
previa los equipos se repartieran los puntos y cada uno se hubiese
ido a su casa. Huracán y Argentinos jugaron un partido perfectamente
olvidable que nunca habría terminado en la victoria de alguno de los
dos por más que se prolongara indefinidamente.
Ninguno de los dos equipos tuvo ideas para pararse adentro de la
cancha. La pelota se movió de un lado a otro casi azarosamente sin
que nadie fuese capaz de pararla y tomar una decisión sensata.
Argentinos Jrs. hizo tiempo desde el minuto 0 de partido y esa fue su
mejor carta. Aunque no tuviera firmeza defensiva, Huracán fue
incapaz de entrar en el fondo visitante y si tuvo algunas fue más
producto de la casualidad y la impericia rival que de méritos
propios. Así fue como se perdió algunos goles que parecían casi
hechos (por ejemplo, en el segundo tiempo Auzqui frente al arco sin
marca y con tiempo para definir la terminó tirando afuera) y que
hubiesen significado una victoria segura ya que Argentinos no tenía
capacidad de reacción. De todas formas, al bicho en algún momento
también le sonrió la suerte y alguna mala intervención de la
defensa porque tuvo un par de jugadas muy claras resueltas por Marcos
Díaz o un palo del arco. El partido terminó como empezó, aburrido
y de muy bajo nivel en un marco de tormenta que se llevó muchas más
miradas que lo que sucedía en la cancha.
El juego de Huracán se mantuvo dentro de un limbo: no fue ofensivo
ni defensivo, no fue cauteloso y paciente ni rápido y ligero. En vez
que hacer notar su jerarquía, se puso a la altura de un rival que
nunca lo interpeló. Los jugadores y la pelota circularon sin ningún
tipo de criterio. Los ataques sistemáticamente terminaron encerrados
en el medio y no se aprovecharon las bandas para entrar al área. El
mediocampo estuvo lleno de agujeros tanto para atacar como para
defender y si bien no hizo nada con ella, a Argentinos se le hizo
demasiado fácil recuperar la pelota en ese sector de la cancha. La
defensa estuvo lenta y poco cuidadosa, lo que le dio al rival más
chances de las que su juego construía. La cancha mojada, la lluvia y
por momentos el viento fuerte no ayudaron a la precisión de las
jugadas pero en ningún momento pareció que a Huracán le interesara
ponerse un poco más preciso. El ingreso de Roa dio un poco de aire
pero el equipo ya estaba demasiado desordenado como para que cambiara
el curso de la historia. El Globo se neutralizó a sí mismo y
terminó siendo una ayuda para un Argentinos que en todo momento dejó
en claro que estaba satisfecho con el empate. Parejo en su
mediocridad, tuvo algunos puntos especialmente bajos que llamaron más
la atención y fueron clave para el desarrollo del partido. Damonte
estuvo los 90 minutos extrañando el sostén que bien o mal Rossi le
proporciona todos los partidos y Mendoza volvió a demostrar que con
voluntad solamente no alcanza para jugar al fútbol. Aun jugando tan
mal como lo hizo, con lo poco que ofreció Argentinos si estos dos
puestos hubiesen rendido la historia sería otra.
No era este el fin de año que esperábamos. Huracán tuvo un
comienzo de campeonato realmente muy bueno y parecía perfilarse para
ser un equipo serio y sobre todo duro de roer. Sin embargo, el bajón
futbolístico se hizo visible en los últimos tres partidos y se
pincharon algunas ilusiones. De todas formas, el Globo sigue bien
posicionado en la tabla y ahora tiene por delante un tiempo de
descanso y de reorganización que le servirá para corregir todo lo
que se estuvo haciendo mal en las últimas semanas. El material está
para volver a dar que hablar.





