Huracán sigue
sin sumar puntos. Sigue sin convencer con su juego. Sigue sin mostrar
alternativas a lo que ahora se puede ver en la cancha. Perdió con River pero lo
que más preocupa el balance que se puede hacer de lo que va de este torneo, más
allá del rival concreto.
El primer
tiempo tuvo pocas emociones. River se adelantó un poco más en la cancha pero la
más clara fue de Huracán con una pelota de Mancinelli que, desviada en un
rival, se estrelló en el palo. Más allá de eso, se jugó la mayor parte del
tiempo en la mitad de la cancha y ninguno de los dos pasó sobresaltos. River
fue más protagonista sobre todo atacando por el lateral de Romat, pero no supo
concretar.
Huracán estuvo
un poco más focalizado en el arco rival después del entretiempo pero pagó caro
los errores defensivos. River no estaba haciendo demasiado para merecer el gol,
pero en un tiro de esquina a los 19 minutos se lo encontró. Romat no evitó que
Alario acomodara la pelota para que su compañero Driussi desbordara a
Mancinelli y la metiera al arco de cabeza. El Globo puso voluntad para
empatarlo, especialmente los más jóvenes, pero le faltó juego. La salida de
Iritier (con molestias físicas) y de Romero Gamarra le sacaron al Globo el poco
orden que le quedaba. Huracán se convirtió en un equipo incapaz de hacer más
que tirar pelotazos sin rumbo y, sin embargo, estuvo a nada de alcanzar el
empate con un remate de Mendoza que pegó en el travesaño y salió.
Cuesta ver al
equipo que forman los once jugadores. Hay cosas interesantes con las
individualidades de Iritier, que volvió a cumplir, o las atajadas de Marcos
Díaz, que evitó que la derrota fuera por un resultado más abultado. Sin
embargo, más allá de eso, se ve un grupo inconexo, sin objetivos claros, sin
intenciones de construir un volumen de juego que incomode a los rivales. Como
si fuera poco, a eso se suma la repetida incapacidad de los delanteros (ya sea
Barrales o Mendoza) para ganarle a los marcadores y la inseguridad de una
defensa que hace demasiado tiempo dejó de ser el bastión del equipo. La
expulsión innecesaria de Mancinelli a dos minutos del final no hizo más que
evidenciar el nerviosismo y el grado de imprecisión en el que se había
sumergido el Globo. Hasta Fritzler, que suele ser una carta fuerte, por
momentos se contagió del desorden general.
Hace un año
Huracán estaba festejando la clasificación a la final de la Copa Sudamericana.
Hoy tiene que estar mirando con preocupación la tabla de los descensos. Hay un
problema con los nombres pero la incapacidad del Globo de salir de esta
situación es algo que atañe al conjunto. De allí tendrá que salir la solución.
CeciQuemera.

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