Esta vez las cosas no salieron y
Huracán volvió a desaprovechar la oportunidad de sumar antes de la seguidilla
de partidos complicados que se avecina. Frente a Temperley convenció realmente
muy poco y no hizo más que sembrar dudas de cara al futuro.
Por un rato en el primer tiempo
el partido se mantuvo parejo y ninguno de los dos se sacó ventajas. Sin
embargo, a los 12 llegaría el gol de Figueroa tras un centro desde la
izquierda, inaugurando una tarde complicada para Romat. Huracán no se dejó
desanimar y fue a buscar el empate. A los 17, Romero Gamarra, después de hacer
una pared con el Rolfi a la salida de un tiro de esquina, mandó un centro atrás
que Mancinelli metió al arco pateando de primera. Parecía que las cosas volvían
a acomodarse, pero poco a poco Huracán fue perdiendo orden y protagonismo y no
se acercó nunca al segundo.
Los jugadores entraron a la segunda
parte con la cabeza en otro lado. El mediocampo, como generador de juego, casi
no existió y ninguno de los que fueron ingresando (Leandro Díaz, Barrales y
Toranzo) alteró la ecuación. Cuando a los 20 minutos Zárate puso el resultado
definitivo no hizo más que plasmar en números lo que se veía venir. Huracán,
perdido en su propia cancha, casi nunca estuvo cerca del empate y se quedó con
una merecida derrota.
A Huracán le costó funcionar como
un equipo de once futbolistas. No se vio coordinación entre las líneas y mucho
menos una idea que homogeneizara lo que se intentaba hacer para llegar al arco
rival. Lo bueno que se vio fue cuando el Kaku y el Rolfi se encontraron
adelante, pero eso duró solamente algunos minutos del primer tiempo. El mediocampo
se mostró endeble y hasta Fritzler sorprendió por intervenciones que no
concuerdan con la regularidad que venía manteniendo en partidos pasados. Para
colmo, la defensa de ninguna manera sirvió de resguardo. Se destacó el juego en
una sintonía completamente diferente de Romat, pero ninguno tuvo una buena
tarde. El menos malo, Mancinelli. Hasta Marcos Díaz se contagió y, más allá de
un par de buenas atajadas, fue en parte responsable del segundo gol visitante
por pararse mal en el tiro de esquina. Adelante, ni Mendoza ni Barrales
estuvieron finos (un poco más participativo el primero y bastante desprolijo el
segundo) y es casi imposible preguntarse qué sería de este equipo si hubiera
alguien capaz de bajar todos esos pelotazos que no encuentran destino.
Es cierto que el planteo
defensivo del DT (más las alarmantes irregularidades de los jugadores)
desentonó con el desarrollo de un partido que no debería haber sido complicado.
También es cierto que el mal rendimiento general viene desde el principio del
torneo, cuando el DT era Domínguez. Las dudas son legítimas. Caruso y los
jugadores tendrán que demostrar si pueden o no despejarlas.
CeciQuemera.

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