sábado, 15 de octubre de 2016

Huracán 1-2 Temperley



Esta vez las cosas no salieron y Huracán volvió a desaprovechar la oportunidad de sumar antes de la seguidilla de partidos complicados que se avecina. Frente a Temperley convenció realmente muy poco y no hizo más que sembrar dudas de cara al futuro.

Por un rato en el primer tiempo el partido se mantuvo parejo y ninguno de los dos se sacó ventajas. Sin embargo, a los 12 llegaría el gol de Figueroa tras un centro desde la izquierda, inaugurando una tarde complicada para Romat. Huracán no se dejó desanimar y fue a buscar el empate. A los 17, Romero Gamarra, después de hacer una pared con el Rolfi a la salida de un tiro de esquina, mandó un centro atrás que Mancinelli metió al arco pateando de primera. Parecía que las cosas volvían a acomodarse, pero poco a poco Huracán fue perdiendo orden y protagonismo y no se acercó nunca al segundo.

Los jugadores entraron a la segunda parte con la cabeza en otro lado. El mediocampo, como generador de juego, casi no existió y ninguno de los que fueron ingresando (Leandro Díaz, Barrales y Toranzo) alteró la ecuación. Cuando a los 20 minutos Zárate puso el resultado definitivo no hizo más que plasmar en números lo que se veía venir. Huracán, perdido en su propia cancha, casi nunca estuvo cerca del empate y se quedó con una merecida derrota.

A Huracán le costó funcionar como un equipo de once futbolistas. No se vio coordinación entre las líneas y mucho menos una idea que homogeneizara lo que se intentaba hacer para llegar al arco rival. Lo bueno que se vio fue cuando el Kaku y el Rolfi se encontraron adelante, pero eso duró solamente algunos minutos del primer tiempo. El mediocampo se mostró endeble y hasta Fritzler sorprendió por intervenciones que no concuerdan con la regularidad que venía manteniendo en partidos pasados. Para colmo, la defensa de ninguna manera sirvió de resguardo. Se destacó el juego en una sintonía completamente diferente de Romat, pero ninguno tuvo una buena tarde. El menos malo, Mancinelli. Hasta Marcos Díaz se contagió y, más allá de un par de buenas atajadas, fue en parte responsable del segundo gol visitante por pararse mal en el tiro de esquina. Adelante, ni Mendoza ni Barrales estuvieron finos (un poco más participativo el primero y bastante desprolijo el segundo) y es casi imposible preguntarse qué sería de este equipo si hubiera alguien capaz de bajar todos esos pelotazos que no encuentran destino.

Es cierto que el planteo defensivo del DT (más las alarmantes irregularidades de los jugadores) desentonó con el desarrollo de un partido que no debería haber sido complicado. También es cierto que el mal rendimiento general viene desde el principio del torneo, cuando el DT era Domínguez. Las dudas son legítimas. Caruso y los jugadores tendrán que demostrar si pueden o no despejarlas.

CeciQuemera.

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