Sufriendo, aferrándose a las
posibilidades que le quedaban hasta los últimos minutos, Huracán jugó un
partido para el olvido y, sin embargo, la peleó con orgullo y entró pidiendo
permiso en el grupo 4 de la Copa Libertadores 2016.
Huracán no se metió en el juego en
casi todo el partido. Al principio se confió con la mínima ventaja que traía de
Buenos Aires y cuando vio que Caracas se adelantaba mucho y bien en la cancha
no fue capaz de reaccionar adecuadamente. Para colmo, cuando se terminaba el
primer tiempo, Caracas aprovechó una mala defensa en una pelota parada y metió
el 1-0.
El resultado llevaba a penales, y
el Globo no parecía demasiado convencido de querer evitar esa situación. El
juego era previsible y el pelotazo a Abila, como la mayoría de las veces, no
funcionó. Las cosas se complicaron más cuando González se fue expulsado a 15
minutos del final. Los penales se acercaban cada vez más a ser un buen negocio,
pero a los 38 Caracas metió el segundo. Casi no quedaba tiempo y Huracán fue a
buscar con todo ese gol de visitante que le daría la clasificación. Llegó
cuando se acababan los minutos de descuento, con un pase que Toranzo filtró a
Miralles para que enviara un centro que Mendoza metió al arco.
Casi lo único bueno del partido
fue haber pasado a la siguiente fase. Huracán no pareció un equipo, con todas
sus líneas desconectadas. Pagó no haber metido más goles en el Ducó teniendo
que sufrirlo hasta el final. Caracas mostró una notable mejoría para la que el
Globo no estaba preparado. La genialidad de Toranzo y la aparición justa de los
ingresados Miralles y Mendoza salvaron a Huracán de una eliminación temprana.
Queda claro que jugando así no se
va a llegar muy lejos ni en la Libertadores ni el torneo local. No se puede
esperar tener siempre buena suerte o una
oportuna jugada de algún virtuoso. Huracán tiene que empezar a jugar como un
equipo.
CeciQuemera

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