El partido se terminaba y parecía que
Huracán se iba a ir sumando otra preocupación a su presente, pero el centro de
Romero Gamarra que Espinoza bajó para que Abila convirtiera en el último minuto trajo alivio y desahogo a este equipo que, junto con su hinchada,
merecía esta alegría.
Una vez más, San Lorenzo empezó el
clásico esperando a Huracán. El Globo no se hizo rogar y trató de hacer
circular el balón sin demasiado orden. Le costó pararse en la cancha, sobre
todo porque la pelota en pocas ocasiones pasó por los pies de los armadores de
juego. Así y todo, los primeros 25 minutos fueron de Huracán. Poco a poco San
Lorenzo empezó a salir de su campo para aprovechar el atropello del Globo pero
sin llegar a molestar con claridad.
El segundo tiempo fue más
emocionante. San Lorenzo salió un poco más de su campo y se empezaron a generar
más choques en el mediocampo. El árbitro Rapallini fue perdiendo el control del
partido. Tanto Ortigoza como Bogado debieron irse expulsados, fue demasiado
permisivo con Blanco y la falta de Risso que le costó la expulsión a los 41
minutos no fue ni siquiera de tarjeta amarilla. El visitante fue tomando el
control del encuentro y desorientó a un Huracán que con muchas ganas pero poca
precisión no podría encontrar los caminos. A los 24 llegó el gol cuervo por un
buscapié que Belluschi empujó a la red. Después de eso, San Lorenzo volvió a
tirarse para atrás y Huracán fue con todo a buscar el empate, incluso cuando se
le hizo cuesta arriba por la injusta roja a Risso. Parecía que el Globo se iba
a quedar sin recompensa, pero la última jugada puso las cosas en su lugar.
Huracán mereció el empate. Por
insistir todo el partido, por no dejarse desanimar por el gol del rival, por no
detenerse en los errores del árbitro y seguir jugando. Porque San Lorenzo, más
allá de su gol y de tener momentos de buena posesión del balón, nunca lo pasó
por arriba ni mostró intenciones de hacerlo. Costó porque el mediocampo no tuvo
gran incidencia en el encuentro y estuvo más impreciso que de costumbre. Pulgar
arriba para Araujo, que trató de paliar esa falta de juego en el medio además
de cubrir bien su banda. Y por supuesto, gran momento para Romero Gamarra,
Espinoza y Abila que construyeron un golazo sacándose una parte de esa pesada
mochila que todos los partidos les cuelga la hinchada. Les alcanzó con aparecer
una vez para cambiar la historia.
Cómo no vamos a festejar un empate
en el minuto 94 jugando con uno menos después de lo extremas y extenuantes que
fueron las última semanas. El equipo necesitaba un empujón anímico para poder
encarar con todo lo que se viene. Es momento de mirar hacia adelante y empujar
todos para el mismo lado, como venimos haciendo. Estos empates sí se festejan.
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