El de Huracán fue un año muy
revolucionado. En menos de doce meses, le tocó volver a la Copa Libertadores
después de décadas, ganó un título, se salvó del descenso en la última fecha y
estuvo a tres penales de ganar la Copa Sudamericana, siendo la primera vez que
el Globo participaba en este certamen. Con cambio de DT incluido y un plantel
muy corto para afrontar casi todo el año dos competencias simultáneas, Huracán
no pasó desapercibido.
Llevando encima la reciente alegría
de haber ganado la Copa Argentina, Huracán arrancó el año ilusionado. Empezó la
Libertadores pisando fuerte, como queriendo callar a los que lo daban por
perdido de entrada. Sin embargo, en el torneo local el inicio fue mucho más
discreto. Entre marzo y abril tuvo una seguidilla de partido en la que tuvo que
jugar dos veces casi todas las semanas, y Apuzzo decidió priorizar la copa
internacional. El equipo alternativo presentado en el campeonato no se consolidó
nunca. De los primeros 30 puntos, Huracán sacó sólo 8.
Mientras tanto, en la Libertadores
el Globo se caracterizó por ser un equipo con mucha firmeza en la defensa.
Gracias a ella, consiguió empates importantes, pero la falta de gol le terminó
costando caro.
En once días días, Huracán pasó
del cielo al infierno al cielo de nuevo. En uno de los mejores partidos que
jugó en el 2015, le ganó 3-1 a Cruzeiro, el más complicado del grupo. Una semana
más tarde, el rival más fácil de la zona lo eliminó con una goleada. Cuatro
días después, el Globo se consagraba campeón por segunda vez en cinco meses
ganándole la Super Copa 2014 a un River que venía agrandado.
Ese podría haber sido un excelente
punto de partida para que Huracán dejara atrás esa etapa de irregularidad.
Reciente campeón y con el foco puesto únicamente en el torneo, las condiciones
estaban para empezar a afianzarse en Primera. Sin embargo, las cosas no hicieron
más que empeorar. El equipo se mostraba desmotivado, y el once titular empezó a
sufrir continuos cambios que no lograron revertir la situación.
La defensa ya no fue la carta
fuerte de Huracán y se apeló más que nunca al pelotazo a Abila, que no era
capaz él solo de contrarrestar los problemas que arrastraba el juego. El ciclo
Apuzzo tenía los días contados. Los cachetazos que terminaron de derrumbarlo
fueron la eliminación temprana de la Copa Argentina, el partido que San Martín
de San Juan dio vuelta después de que el Globo empezara ganando dos a cero, y
el 0-3 de visitante contra Chicago, que no había ganado un solo partido en todo
el año.
Como suele pasar cada vez que el
Globo cambia de DT, los aires se renovaron con la designación de Eduardo
Domínguez. En muy poco tiempo la actitud del equipo dio un giro de 180 grados.
A partir de una defensa que volvía a ser protagonista por sus buenos
rendimientos, el once titular comenzó a ser un fija nuevamente, y Huracán dejó
de ser un equipo tan irregular.
Después del sorprendente cinco a
dos vs. Tigre en el debut de la Copa Sudamericana, Huracán siguió dando qué
decir en el plano internacional mientras en el torneo local postergaba cada vez
más el momento de salvarse del descenso. En la Copa era un equipo duro atrás y
picante adelante. En el torneo, la mayoría de las veces sin contar con todos
los titulares, se las arregló para arañar algunos empates, además, por cierto,
de la importantísima victoria en el clásico contra San Lorenzo, que ayudó mucho
para la levantada anímica.
Pagó el contar con un plantel tan
corto teniendo que definir si debía jugar o no un desempate para no descender
en la última fecha. Recién después de eso pudo disfrutar de lleno la
oportunidad de estar participando en la semifinal de la Sudamericana. Se dio el
lujo de volver a superar a un River que este año ganó todo menos lo que jugó
contra Huracán.
En la final quizá jugó en contra
la presión por estar jugando una final por primera vez en su historia, pero aun
así Huracán estuvo muy cerca de salir campeón.
La virtud de este Huracán fue su
trabajo en equipo. Si bien contó con figuras, el Globo logró lo que logró
gracias al juego conjunto de jugadores que, por sí solos, quizá no hubieran
gravitado tanto. Los peores momentos ocurrieron cuando se apelaba a la destreza
de un futbolista por sobre el funcionamiento colectivo (el ejemplo más claro de
esto es la insistencia en enviar pelotazos a Abila). Lo mejor de Huracán
apareció cuando el mediocampo se hizo dueño del equipo, siempre apoyado por una
defensa que, al principio pero especialmente al final del año le aportó
muchísima solidez y tranquilidad.
Claramente la mayor falencia del
Globo fue contar con un plantel demasiado corto. Por esto mismo le tocó sufrir
hasta el último momento de la amenaza del descenso. De cara a un 2016 con Copa
Libertadores se tendrá que rever este último punto. La ilusión de generar
sorpresa en el plano internacional es un gran incentivo, pero no pude volver a
menospreciarse el torneo local.
Este ciclotímico 2015 llegó a su
fin para Huracán. El Globo termina el año con la frente en alto.
CeciQuemera
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