Huracán habló adentro de la
cancha. Mucho se dijo durante la semana, en boca de propios y extraños, y el
Globo respondió haciendo un partido muy inteligente, casi sin mostrar puntos
flojos en su rendimiento. Ganó y dejó una imagen muy sólida de cara a la
revancha, aun cuando todavía no haya asegurado su permanencia en Primera.
Aunque el partido pareció empezar
parejo, poco a poco se empezó a notar la superioridad de Huracán. No tenía
tanto la pelota como River, pero era más criterioso en la presión y en la
generación de juego. El gol llegó rápido. A los 14 minutos, Montenegro filtró un
pase hacia el área que Espinoza metió al arco casi de casualidad aprovechando
un mal cierre de Casco. Huracán se asentó cada vez más en la cancha y, sin
tener mucho la pelota, bloqueó el juego de River hasta el punto de lograr que
Marcos Díaz casi no tocara el balón.
Apurado por el reloj y el
resultado, River salió a buscar el empate. Huracán ya no presionó en el medio y
retrasó un poco sus líneas, pero en ningún momento pareció un acto de
desesperación. Al contrario, el equipo sabía lo que hacía y asumió el riesgo de
limitarse a lanzar contados contragolpes estando un solo gol arriba. Los cambios
fueron netamente defensivo, y el Globo se fue acomodando en su posición frente
a un River cada vez más frenético. De todas formas, al final Huracán pudo
haberse ido con una alegría más con un remate de Wanchope que pegó en el
travesaño.
El partido de Huracán fue redondo.
Las cosas le salieron como quería en casi todos los aspectos y provocó que la
imagen de River fuera bastante pobre. El equipo fue precisamente eso, un
equipo, tanto a la hora de atacar como de defender. El gol de Espinoza, además
del error del defensor, fue mérito de esa presión colectiva que Huracán venía
ejerciendo, además del pase magistral de Montenegro que tuvo una gran
actuación. Sin embargo, y más allá de las buenas intervenciones de Toranzo, más
allá de que Espinoza enloqueció a sus marcadores, más allá de la astucia de
Wanchope para enfriar el juego, más allá de todo eso, la gran protagonista fue
la defensa. Mancinelli, Nervo y Vismara tuvieron un partidazo. Se cansaron de
rechazar los ataques de River, sin desesperarse, con firmeza y autoridad. San
Román no tuvo un buen rendimiento, pero sus errores fueron bien cubiertos casi
siempre. Como si fuera poco, hasta Marcos Díaz no quiso perder la costumbre y
pudo lucirse en las que River fue más incisivo.
Atribuirle esta victoria a la
mística copera del Globo de los últimos tiempos sería restarle mérito al
equipo. Huracán hizo un partido casi perfecto. La frutilla del postre hubiera
sido el gol que se perdió Abila al final. Así y todo, hay poco para reprochar.
Sólo queda esperar a que esto se repita el lunes frente a Belgrano, para poder
entonces encarar la revancha de esta semifinal con la cabeza más tranquila.
CeciQuemera.

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