viernes, 27 de noviembre de 2015

Huracán 2-2 River



¿Se imaginaba, Quemero, hace quince días que hoy iba a estar festejando la primera clasificación a una final internacional? Este Huracán es así, pasa de dar cátedra en la semifinal de la Sudamericana a sufrir por no tener que ir a un desempate para evitar el descenso, y después de nuevo se viste de fiesta para darle esta alegría histórica a su gente. Este partido de revancha fue un claro ejemplo de esa realidad, pareciera, contradictoria. Disfrutó el primer tiempo y sufrió con el corazón en un puño el segundo para cerrar el 3-2 global.

La primera parte fue toda del Globo. Salió a responder a ese gran recibimiento que le dio la gente con un juego muy ofensivo, que encontró su recompensa apenas empezó el partido. A los 2 minutos, un pelotazo largo a Abila, que Barovero despejó mal por culpa de la presencia del mismo Wanchope, le quedó a Toranzo para que la mandara a guardar con un fuerte remate. Huracán bajó un poco el ritmo con el paso de los minutos, pero eso no impidió que a los 25 Wanchope se hiciera de la pelota después de un excelente pase de Bogado, para después sacarse de encima a Barovero con un sombrero y cabecear al arco vacío. Sin atropellarse, Huracán siguió insistiendo, pero no fue capaz de alcanzar el tercero.

River salió con todo al segundo tiempo. Obligado a meter tres goles no perdió el tiempo y empezó a complicar a un Globo que poco se pareció al de la primera parte. El mediocampo perdió precisión y la defensa ya no estuvo tan firme. Por otra parte, el mal arbitraje de Ricci contribuyó a que el juego estuviera muy cortado y que Huracán no hiciera pie. River debió irse con Ponzio y Martínez expulsados por violentas faltas, además de la roja que recibió Sánchez por una agresión a un alcanza pelotas. Mora convirtió a los 23 y a los 36 y a la gente volvió a tocarle rezar, mirar el partido entre los dedos y comerse las uñas. Sin embargo, las manos salvadoras de Marcos Díaz en diferentes momentos del encuentro y las oportunas apariciones de los centrales dejaron las cosas como estaban.

En el primer tiempo, Huracán hizo casi todo bien. La defensa se plantó con firmeza hasta el punto de que Marcos Díaz casi no tocó la pelota, el mediocampo generó juego propio y cortó el juego rival, y la delantera estuvo picante. Estuvo a la altura de las circunstancias y no se recostó en la ventaja mínima conseguida en el Monumental. En la segunda parte, Huracán perdió mucho volumen de juego. No sólo influyó el mal rendimiento del árbitro (el Globo terminó perjudicado con las salida de Espinoza, lesionado por una falta de Ponzio, que debió ser expulsado). Vismara y Bogado ya no tuvieron esa precisión a la que nos tienen acostumbrados, y con eso perdieron los jugadores ofensivos, a lo que se le sumó el juego mucho más incisivo de River. Los últimos diez minutos fueron para el infarto. Con mucho amor propio, ya sin la solidez del primer tiempo, y empujado por el incesante e incansable aliente de su gente, Huracán encontró cómo cerrar el partido en los últimos minutos.

Festeje, Quemero. Respire profundo después de pasar ese último cuarto de hora con la cordura pendiendo de un hilo. Tiene hasta el miércoles para tratar de acostumbrarse a la idea de que su querido Globito, nuestro amado Globito, está en la final de la Copa Sudamericana. Disfrutemos, Quemeros. Después de estar en las malas y en las muy malas, esta es una caricia para el alma.

Disfrutemos, Quemeros. Somos finalistas.

CeciQuemera.


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