¿Se imaginaba, Quemero, hace
quince días que hoy iba a estar festejando la primera clasificación a una final
internacional? Este Huracán es así, pasa de dar cátedra en la semifinal de la
Sudamericana a sufrir por no tener que ir a un desempate para evitar el
descenso, y después de nuevo se viste de fiesta para darle esta alegría
histórica a su gente. Este partido de revancha fue un claro ejemplo de esa
realidad, pareciera, contradictoria. Disfrutó el primer tiempo y sufrió con el
corazón en un puño el segundo para cerrar el 3-2 global.
La primera parte fue toda del
Globo. Salió a responder a ese gran recibimiento que le dio la gente con un
juego muy ofensivo, que encontró su recompensa apenas empezó el partido. A los
2 minutos, un pelotazo largo a Abila, que Barovero despejó mal por culpa de la
presencia del mismo Wanchope, le quedó a Toranzo para que la mandara a guardar
con un fuerte remate. Huracán bajó un poco el ritmo con el paso de los minutos,
pero eso no impidió que a los 25 Wanchope se hiciera de la pelota después de un
excelente pase de Bogado, para después sacarse de encima a Barovero con un
sombrero y cabecear al arco vacío. Sin atropellarse, Huracán siguió
insistiendo, pero no fue capaz de alcanzar el tercero.
River salió con todo al segundo tiempo.
Obligado a meter tres goles no perdió el tiempo y empezó a complicar a un Globo
que poco se pareció al de la primera parte. El mediocampo perdió precisión y la
defensa ya no estuvo tan firme. Por otra parte, el mal arbitraje de Ricci
contribuyó a que el juego estuviera muy cortado y que Huracán no hiciera pie.
River debió irse con Ponzio y Martínez expulsados por violentas faltas, además
de la roja que recibió Sánchez por una agresión a un alcanza pelotas. Mora
convirtió a los 23 y a los 36 y a la gente volvió a tocarle rezar, mirar el
partido entre los dedos y comerse las uñas. Sin embargo, las manos salvadoras
de Marcos Díaz en diferentes momentos del encuentro y las oportunas apariciones
de los centrales dejaron las cosas como estaban.
En el primer tiempo, Huracán hizo
casi todo bien. La defensa se plantó con firmeza hasta el punto de que Marcos
Díaz casi no tocó la pelota, el mediocampo generó juego propio y cortó el juego
rival, y la delantera estuvo picante. Estuvo a la altura de las circunstancias
y no se recostó en la ventaja mínima conseguida en el Monumental. En la segunda
parte, Huracán perdió mucho volumen de juego. No sólo influyó el mal rendimiento
del árbitro (el Globo terminó perjudicado con las salida de Espinoza, lesionado
por una falta de Ponzio, que debió ser expulsado). Vismara y Bogado ya no
tuvieron esa precisión a la que nos tienen acostumbrados, y con eso perdieron
los jugadores ofensivos, a lo que se le sumó el juego mucho más incisivo de
River. Los últimos diez minutos fueron para el infarto. Con mucho amor propio,
ya sin la solidez del primer tiempo, y empujado por el incesante e incansable
aliente de su gente, Huracán encontró cómo cerrar el partido en los últimos
minutos.
Festeje, Quemero. Respire profundo
después de pasar ese último cuarto de hora con la cordura pendiendo de un hilo.
Tiene hasta el miércoles para tratar de acostumbrarse a la idea de que su
querido Globito, nuestro amado Globito, está en la final de la Copa
Sudamericana. Disfrutemos, Quemeros. Después de estar en las malas y en las muy
malas, esta es una caricia para el alma.
Disfrutemos, Quemeros. Somos
finalistas.
CeciQuemera.






