Era demasiado bueno para ser
verdad. Ni siquiera con una ventaja de dos goles antes del cuarto de hora
Huracán fue capaz de llevarse esos tres puntos que parecían comenzar a mostrar
el camino. Pasó de un Primer Tiempo bastante esperanzados a un Segundo Tiempo
en el que no se pudo rescatar nada bueno.
Huracán fue más casi toda la
primera parte. A veces buscando sorprender en velocidad y a veces tratando de
manejar el balón, se hizo del control del partido y del resultado enseguida. A
los 2 minutos, una jugada que empezó en Abila encontró a Espinoza que, después
de despachar a su defensor con una gambeta, mandó un centro atrás que el mismo
Wanchope metió en el arco. El segundo pudo llegar con una jugada en la que
Abila primero y Espinoza después se perdieron dos oportunidades de oro. Hubo
que esperar a los 13, cuando el refuerzo Bogado acomodó el rebote para que
Distéfano marcara el 2-0. Huracán tenía todo para aplastar a San Martín, pero,
y no es la primera vez que pasa, dejó ir la chance. A los 45, Pumpido empezó a
resquebrajar la alegría Quemera con una bolea en el rebote de un corner.
Salvo una de Abila al principio,
el Segundo Tiempo fue todo de San Martín. Los goles fueron muy anunciados, y
Huracán no hizo nada para evitarlo. El empate llegó a los 26 minutos, con un
tiro libre de Vitti que se desvió en la barrera, descolocando a Marcos Díaz. El
tercero fue de Figueroa, a los 42, después de que Arano cerrara muy mal,
comprometiendo a Marcos Díaz, que no pudo llegar a despejar el pase débil de su
compañero.
No alcanza con jugar bien 30
minutos. Incluso cuando fue capaz de meter más goles en 15 minutos que los que
normalmente mete en un partido entero, Huracán no fue contundente en su juego.
No terminó de decidir cómo encarar los 75 minutos que quedaban sin perder el
control. Cuando intentó marcar más goles, se perdió jugadas casi hechas, y la
defensa no fue para nada sólida (en general, más allá del error de Arano). El
Globo le dio vida a un rival que si recibía un cachetazo más, no se levantaba.
Huracán ya no da confianza, ni
siquiera cuando parece tener todo en orden. Siempre, más tarde o más temprano,
el equipo olvida el libreto y empieza a improvisar, sin tener idea de a dónde
quiere ir. El problema es anímico, pero también táctico. No es un equipo de
estrellas, pero hay potencial para más, y nunca se termina de dar el cambio que
se necesita. Habrá que modificar algo mucho más profundo que los nombres para
revertir la situación.
CeciQuemera.

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