En otro partido lleno de goles y emociones hasta el final, Huracán
consiguió un empate que pudo haber sido más pero también menos y
estira al menos unas horas más la definición de la clasificación a
la Libertadores. El punto lo deja atento a resultados ajenos.
El Globo se encontró con el gol casi a la salida del vestuario. A
los 4 minutos Pussetto recibió una asistencia magistral de
Montenegro y abrió el partido. Durante los primeros veinte minutos
controló el ritmo del partido y estuvo cerca de marcar el segundo.
Sin embargo, las cosas se le complicarían a la media hora de juego.
Mas cabeceó solo en un corner y empató el resultado, y dos minutos
más tarde Bou recibiría una habilitación entre los centrales para
dar vuelta el partido. En poco tiempo Huracán se transformó en un
equipo endeble que sufría cada ataque rival. Como para poner las
cosas aún más negras, a los 42 Benítez encontró espacios en el
área para cabecear un centro y convertir el tercero.
Huracán estaba urgido por el tiempo y el resultado pero le costó en
el segundo tiempo despegarse de la imagen de la primera parte. Cuando
pudo ordenarse y a partir de la cada vez mayor presencia en el campo
de Boca, el Globo llegó al gol. A los 19 Mendoza tomó un rebote del
arquero tras un remate de Chávez y descontó. Huracán volvió a
entrar en partido y lo que no pudo poner futbolísticamente lo puso
con voluntad. El empate llegó después de que Pussetto peleara una
pelota que parecía perdida y se la pasara a Álvarez, que mandó un
centro y Chávez convirtió en el empate. Los últimos veinte minutos
del partido no dieron respiro. Boca no tuvo muchas chances más de
ganarlo y el cansancio sumó a que se volviera más estático.
Huracán estuvo cerca del cuarto en varias ocasiones pero esta vez la
suerte no le sonrió y tuvo que conformarse con un empate que media
hora atrás parecía lejano pero le dejó sabor a poco.
El equipo de Alfaro fue mucho más que Boca cuando el mediocampo se
adueñó del círculo central. Fue lo que se vio muy prolijamente al
principio del partido y mucho más frenéticamente al final. Huracán
taponó la salida de Boca y abrió la cancha a partir de Pussetto y
Silva, las cartas más picantes del ataque quemero. Por el contrario,
los problemas del Globo llegaron cuando la presencia en mitad de
cancha fue mínima o nula. Por momentos pareció que los
mediocampistas de Huracán estaban jugando a un ritmo diferente,
dejando pasar la pelota o llegando tarde a todas las jugadas. Boca
pasaba demasiado rápido al ataque y cuando a eso se le sumó una
defensa endeble y unos centrales poco atentos a quienes se les
filtraban los rivales por el medio Huracán tuvo problemas.
Sorprendió el rendimiento defensivo de este equipo. Sin embargo,
cuando la situación parecía irremontable los jugadores dieron
muestra de un hambre de gol que fue indispensable para revertir el
bajón anímico y futbolístico. Desperdició muchas oportunidades
que hubieran cambiado la historia. La cantidad de centros mal
dirigidos o culminados con cabezazos débiles fueron un problema, más
allá de que que no se aprovecharon chances a partir de jugadas (como
la de Silva solo frente al arquero cuando el partido todavía iba
1-0). El cansancio le jugó en contra, melló la precisión de los
ataques y fue determinante para que el resultado final no fuera otro.
Es inevitable preguntarse qué sería de Huracán ahora si algunas
pelotas que no entraron hubiesen entrado o si se ganaba el partido
anterior. Lo cierto es que antes de dar por terminado este torneo en
el que superó todas las expectativas tiene que esperar resultados.
La clasificación a la Sudamericana ya está sellada pero el sueño
de la Libertadores todavía sigue en pie.

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