Se terminó una temporada llena de sorpresas para Huracán. Arrancó
buscando sumar puntos para alejarse de los puestos del descenso y
concluyó clasificando directamente a la etapa de grupos de la Copa
Libertadores 2019. El equipo de Alfaro rompió rachas negativas,
superó rachas positivas históricas y coronó de la mejor manera un
año que parece ser el inicio de un proyecto futbolístico serio.
La temporada de Huracán comenzó mostrando algunos resabios de lo
que había sido la etapa anterior. Fue estrepitosamente eliminado de
la Copa Sudamericana y concentró toda su atención en el torneo
local. Desde el inicio se advirtió un trabajo paciente que de a poco
fue formando las bases del equipo. La intención era armarse a partir
de la solidez defensiva y la firmeza del mediocampo. Adelante, los
recursos ofensivos de Huracán estaban orquestados casi
exclusivamente alrededor las intervenciones de Pussetto y Ábila. A
partir de esto, el equipo comenzó a construir una identidad en el
juego sin pelota. Sufrió altibajos al inicio del campeonato, más en
lo futbolístico que en los resultados. El Globo era un equipo poco
constante en la ofensiva y muchas veces eso significó sufrir los
cierres de los partidos y depender de apariciones individuales para
concretar en la red. Esto le costó la eliminación en octavos de
final de la Copa Argentina, pero en el torneo se mantuvo firme,
sumando puntos partido tras partido.
Pese a la irregularidad que todavía tenía cierto protagonismo en
los rendimientos de Huracán, subyacía una idea de juego que se
intentaba aplicar partido tras partido, haciendo olvidar de a poco a
ese equipo de la temporada anterior que le costaba saber cómo
pararse en la cancha. Con el correr de las fechas, los jugadores
fueron encontrando su lugar en el planteo de Alfaro y eso se reflejó
tanto en el juego como en los resultados. La seguridad defensiva fue
el punto de partida de un equipo que tuvo que volverse muy preciso de
mitad de cancha para adelante para aprovechar las contadas jugadas de
riesgo que se generaban por partido y cerrarle los caminos a los
rivales. Las participaciones estelares de Pussetto y Wanchope se
llevaron todas las luces, sin embargo en el mediocampo hubo
rendimientos un poco más silenciosos pero claves para sostener el
esqueleto del equipo. Fueron los casos especialmente de Calello y de
Bogado. La preocupaciones de Huracán aparecían nuevamente cuando el
equipo se conformaba con poco o tenía problemas para definir en el
arco. Entonces, la carta fuerte de Huracán fue Marcos Díaz, el
reaseguro cuando se abrían grietas en la defensa. En este punto,
fueron los laterales quienes ofrecieron mayores dudas (especialmente
Villalba).
El Globo terminó el 2017 dando una buena imagen global pese a no
haber alcanzado definitivamente la regularidad. Lo ofrecido generaba
nuevas expectativas respecto a lo que el equipo podía ofrecer y
replanteaba los objetivos para la segunda mitad del torneo.
Luego de la gran victoria frente a River, que mostró lo mejor del
estilo propuesto por el DT (eficiencia para aprovechar las
circunstancias del partido adelante y un abroquelamiento defensivo
consciente y planificado para cerrar los caminos del rival), Huracán
tuvo algunos traspiés en el comienzo del 2018. Por algunos partidos
se vio un equipo que no sabía cómo proceder cuando los planes
previos no servían. El gol rival significaba un desorden defensivo
que no lograba compensarse con la tarea ofensiva. Sin embargo, y
después de tomarse un par de fechas, el equipo volvió a
encaminarse. La coordinación de una defensa con nuevos nombres fue
clave, y la presencia salvadora de Marcos Díaz siempre estuvo
presente. Adelante el equipo sintió la partida de Ramón Ábila, y
tuvo que empezar a explotar más a Pussetto, además de encontrar una
nueva y picante alternativa en Silva. En ocasiones el poco
protagonismo en el campo rival significó terminar partidos sufriendo
o resignar puntos.
Más allá de los altibajos, Huracán fue amigándose nuevamente con
el orden que necesitaba. Alfaro encontró un equipo titular que casi
no necesitó retoques. Se acomodó tanto en el juego, como en los
resultados y empezó a pedir permiso en las posiciones de
clasificación a copas. Huracán fue cada vez más un equipo
coordinado, que sabía enconder y suplir sus fallas. Empezó a meter
más goles y eso, más la dureza de un mediocampo liderado por
Damonte y las siempre indispensables atajadas de Marcos Díaz, fue
clave para seguir sumando. La defensa, especialmente en los últimos
partidos, no tuvo una tarea tan destacada, pero las otras líneas
encontraron las alternativas para compensarlo y así terminó el
torneo con una racha de doce fechas seguidas sin perder.
La clasificación a la Libertadores tuvo su cuota de suerte, pero los
mértitos del equipo para escalar posiciones fueron muy claros. Se
podría haber definido algunas fechas antes, pero la cautela del
planteo de Alfaro significó esperar hasta último momento. Se puede
reprochar esto, sin embargo hay que destacar que se alcanzó un
objetivo que no estaba en los planes antes de comenzar la temporada.
Huracán se acostumbró rápidamente a la idea de pelear la
clasificación a una copa internacional, y por eso mismo ahora se
puede analizar con más exigencia al equipo. El Globo se paró en
igualdad de condiciones con equipos que en todo el año no tuvieron
que mirar nunca la tabla de los promedios.
Huracán no solamente contó con un cambio anímico que le permitió
convencerse de que podía estar en lo más alto de la tabla. Se
transformó en un equipo ordenado, firme. En sus mejores partidos fue
preciso y no perdonó al rival. En sus peores partidos, salvo
contadas excepciones, fue un escollo duro que suplió con orgullo la
falta de juego. Ciertamente no se trató de un equipo llamativo.
Fueron varios los puntos que se perdieron por jugar al límite de la
ventaja mínima y eso es algo en lo que debe trabajarse. Sin embargo,
el Globo de Alfaro fue eficaz y trató de dejar poco librado a la
suerte, cosa que no se veía desde hacía años. Este Huracán se
construyó de atrás para adelante aprovechando las virtudes de sus
jugadores, avanzó a paso firme encontrando alternativas cuando los
planes se frustraban y terminó dándole una gran alegría a su
hinchada. Hay una base importante para seguir construyendo a futuro.




