Finalizó
una temporada complicada para Huracán. Se esperaba mucho más que lo
que terminó ofreciendo y se terminó sufriendo mucho más de lo que
se esperaba. Con eliminaciones decepcionantes y clasificaciones
históricas a copas, pelea por el descenso hasta la última fecha y
dos cambios de DT incluido el corazón del hincha todavía no pudo
recuperarse.
Después
de una larga pretemporada que podría haber augurado una buena
preparación de cara al comienzo de las competencias, Huracán tuvo
un inicio titubeante. Apenas con dos partidos encima, ya era
eliminado de la edición pasada de la Copa Argentina. Pese a esto se
vio una interesante intención de tener continuidad respecto a lo que
se había visto la temporada anterior. Sin embargo, un detalle no
menor, la ausencia de Wanchope Abila fue, desde el principio, un
escollo muy difícil de superar. A partir de esto, las falencias
comenzaron a hacerse evidentes. Al hecho de no contar con un 9
consolidados, se le sumó una defensa sin recambio y malos
rendimientos en el mediocampo caracterizados por una tenencia de la
pelota horizontal, no precisamente peligrosa, que poco hizo para
llevar la pelota al arco rival.
La
situación de Huracán no era la mejor pero el cambio de DT tomó a
varios por sorpresa. La llegada de Caruso Lombardi también dio mucho
de qué hablar. El presente del Globo no era tan apremiante como para
traer a un entrenador famoso por salvar equipos del descenso.
Más
allá de todas esas preguntas y especulaciones, Caruso no pudo con
Huracán. Su equipo siguió mostrando muy poco en todas las líneas y
el juego terminó dependiendo de las apariciones de jugadores
puntuales que lejos estuvieron de encontrar regularidad. Sin saber a
qué se estaba jugando, se trató de cubrir los huecos con actitud,
pero no alcanzó. Después de mínimas mejorías momentáneas, y una
racha de ocho partidos sin ganar, Caruso Lombardi renunción a la
dirección técnica. Tras un corto interinato de Apuzzo con una
derrota y una victoria, terminó una primera mitad de la temporada
que auguraba preocupaciones.
En
el 2017 fue el turno de Azconzábal de tomar las riendas del primer
equipo de Huracán. Después de un primer traspié por la Copa
Sudamericana, el Globo repuntó un poco. Fueron figurita repetida las
fallas a la hora de definir pero se vio algo interesante cuando el
mediocampo empezó a tener más volumen de juego, ganando cuando
combinaba eso con velocidad de tres cuartos de cancha para adelante.
Sin
embargo, lo que se había empezado a vislumbrar quedó en nada.
Huracán alternó resultados sin identidad en el juego, sin
tendencias que indicaran cuál era el camino que se quería tomar.
Una vez más, dependió de las intervenciones de jugadores concretos
y sufrió cada vez que no aparecían. Nadie sabía qué esperar de un
equipo cuya única constante terminaban siendo los pelotazos
frontales. Ni con su juego, ni con su capacidad goleadora, ni con la
solidez de la defensa, mostró una identidad que diera alguna certeza
a la hora de salir a ganar los partidos.
La
recta final fue tan ciclotímica como el resto del año. El equipo
ganó algunos encuentros pareciendo demostrar que tenía conciencia
de la situación complicada en la tabla de los promedios, pero
inmediatamente perdía partidos casi ganados, sorprendiendo por su
poco compromiso.
Desde
el banco de suplentes las certezas fueron también muy pocas. Por
momentos la cancha se llenaba de mediocampistas que en otros tiempos
demostraron tener buen pie, en ocasiones el número de delanteros fue
el que llamó la atención (aunque por supuesto ninguno de ellos
cumplió la tarea que debía cumplir), pero al mismo tiempo nadie
impidió el exceso de pelotazos que no servía para aprovechar a esa
multitud de jugadores.
Virando
sin ton ni son tanto en el juego como en los resultados, a Huracán
volvió a tocarle sufrir en el final. Intercalando una histórica
clasificación en la Sudamericana después de remontar un 0-3,
consiguió victorias y empates importantes pero al mismo tiempo
perdió puntos que hubiesen sido claves para terminar la temporada
con más tranquilidad. Aún con resultados ajenos que lo favorecían,
alargó la definición del descenso hasta la última fecha por
errores propios.
¿Fue
por excesiva confianza, fue por falta de motivación, fue por
incapacidad de jugar al fútbol con cierta decencia? Lo cierto es que
el Globo terminó salvándose más por lo que sucedió con los
rivales en los promedios que por lo efectivamente hecho.
Huracán
estaba para más. Incluso con la pérdida de un jugador
importantísimo como Abila, nada indicaba que el equipo tendría que
penar hasta el final para saber en qué categoría jugará la
siguiente temporada. Y no fue solamente una cuestión de resultados y
posición en la tabla. Así como se salvó del descenso recién en la
última fecha, el Globo comienza la segunda parte del 2017 teniendo
compromisos en la Sudamericana y en la Copa Argentina. Lo que
preocupó y sigue preocupando, es ese juego que no va ni para atrás
ni para adelante.
¿Cómo
mantener cierto grado de tranquilidad cuando el equipo no ofrece
ningún tipo de seguridad en ninguna de las líneas de la cancha?
¿Cómo confiar cuando se viene encima una temporada en la que tendrá
que empezar a sumar de a tres con más constancia para no tener que
mirar los promedios? ¿Cómo soñar con ser protagonista en el plano
internacional cuando en el nacional tiene grandes problemas para
tener algún tipo de continuidad en lo futbolístico? Esas son las
preguntas que seguirán dando vueltas en el mundo Huracán por lo
menos hasta que dé inicio la segunda parte del año.

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