miércoles, 12 de julio de 2017

Huracán 1-5 Libertad



Si había esperanzas de ver algún cambio después de la salida del DT y algunas variaciones en los nombres del once titular, nos quedamos con las ganas. Y no sólo eso. Nos quedamos con muchas preguntas respecto al futuro de este equipo, ya no en la Sudamericana, pero sí en el torneo local.

Hicieron falta sólo cuatro minutos para que la debacle diera inicio. Un centro bien colocado y el espacio entre Nervo y Araujo hicieron lo necesario para que Cardozo convirtiera. Huracán intentó y volvió a intentar llegar al arco rival. Especialmente con pelotas desde afuera del área y algunas intervenciones de Pussetto por la banda, tuvo un rato de protagonismo. Pero a la media hora de juego, de nuevo Cardozo vulneró a la defensa y puso el 2-0. Libertad, además de las dos jugadas que llevaron a los goles, se quedó en su campo sin molestar al Globo, pero Huracán ni siquiera así, y aun teniendo un par de remates que hicieron lucirse al arquero, llegó a nada.

Dos goles no eran una diferencia irremontable pero para Huracán fue así. A los 22, Nervo volvió a perder la espalda y Salcedo metió el tercero. El Globo no daba señales de reaccionar más allá de pelotazos sin puntería que parecían querer buscar el arco de Libertad. Bareiro puso el cuarto cuando el arquero debutante García salió a cubrir una contra del equipo paraguayo, dejando el arco desprotegido y sin el apoyo de los defensores. Para colmo, el local tuvo que lidiar con la expulsión de Romero Gamarra cuando todavía quedaban quince minutos de partido. A seis del final, Salcedo metió el quinto de penal. Ya sólo quedaría el gol anecdótico de González en un tiro libre.

La gran pregunta es qué salió a hacer Huracán este partido. Es cierto que el equipo está a medio armar (o desarmar, como se quiera ver). Es cierto que todavía no llegó el DT y Apuzzo de nuevo no hizo más que improvisar. Pero cinco goles en contra es algo más que un llamado de atención. Lo perdió en el primer tiempo, con errores caros de la defensa y pocas definición adelante para empatar o aunque sea descontar. Por momentos, Pussetto, Romero Gamarra y González tuvieron algo para decir pero, una y otra vez, la respuesta no llegó. Huracán no tiene mediocampo. La pelota pasa por ese sector como si quemara. Nadie se anima a pararla y decidir qué hacer con ella. El pelotazo va y viene como si de esa manera la pelota fuera a aparecer solo y por arte de magia. Los más chicos corren sin ideas, los más grandes la ven pasar desde lejos, los pases no salen, los centros no se levantan lo suficiente, las ofensivas se diluyen antes de llegar a ser algo realmente peligroso. Huracán sigue jugando a ver qué sale, a ver si tiene suerte, a ver si los rivales tienen algunos errores más que inclinen la cancha. Y sigue sin funcionar.

Una vez más la preocupación no es la Copa Sudamericana. Era un lindo sueño para empezar la temporada pero lo realmente importante se juega en el torneo local y más específicamente en la tabla de los promedios. Queda la esperanza de que el rumbo cambie con la llegada del nuevo DT y algunos refuerzos más. Si sigue jugando de esta manera, a Huracán se le va a hacer cuesta arriba.

martes, 11 de julio de 2017

Huracán recibe a Libertad

Desde las 19.15 horas Huracán recibirá a Libertad de Paraguay por los 16avo de final de la Copa Sudamericana. Con varios muchas variantes, entre ellas el DT, salió Juan Manuel Azconzabal e ingresó (al menos por ahora) Nestor Apuzzo aunque Gustavo Alfaro se hará cargo del equipo en las proximas horas. Tampoco estará Marcos Diaz, por primera vez desde aquel partido con Crucero del Norte por Copa Argentina en Huracán no atajará Diaz, Giordano o Marinelli, el arquero será Manuel Garcia, el ex arquero de Central que llegó al globo como el primer refuerzo y único incorporado a la lista de Copa Sudamericana. También podria ser el último partido de Martin Nervo quien podria seguir su carrera en Racing, Fritzler no estará y ya es refuerzo de Colón. Huracán de Apuzzo esta noche saldrá a jugar el partido de ida con Garcia en el arco; Araujo, Nervo, el debut de Vivas y Villalba por el lateral izquierdo. En la mitad, Compagnucci será el 5 de contención y podría ser acompañado por Bogado o Cuomo, esa es la única duda, más adelante Mariano Gonzalez; en la ofensiva Romero Gamarra creará juego para asistir a Pussetto y a Briasco.
El equipo paraguayo tiene como novedad a Oscar Cardozo, el ex jugador del Benfica como gran incoporación para este mercado de pases, el equipo viene de coronarse campeón del torneo paraguayo y llega a la copa sudamericana tras ser eliminado en el grupo de Mineiro y Godoy Cruz de la Libertadores. Formará con Muñoz; Benítez, Cardozo, da Silva, Candia; Bareiro o Santacruz, Aquino, Cardozo Lucena, Medina; Cardozo y Salcedo.
Por la pantalla de Fox Sports 2 el arbitro será Wagner Magalhaes de Brasil.

jueves, 6 de julio de 2017

Análisis de los jugadores y los DT



Se contará como partido jugado aquel en el que el futbolista haya sido titular o bien haya estado en la cancha por más de quince minutos. No se contará los goles de las definiciones por penales.

Marcos Díaz (31 partidos, 34 goles recibidos): Que Marcos es un arquero que nunca pasa desapercibido es un hecho. Ya sea por sus atajadas, por sus achiques temerarios o por jugar como un defensor más. Sin embargo, este año, y en coincidencia con el nivel general del equipo, tuvo partidos en los que llamó la atención su rendimiento. No es un dato menor que durante mucho tiempo tuvo que hacerse cargo de los errores de la defensa y no siempre salió victorioso. Pese a esto, es no pocas ocasiones Huracán terminó ganando o por lo menos no perdiendo gracias a sus atajadas. Una cuestión que sí se repite desde hace más tiempo es la insistencia en salir con el pelotazo largo.

Araujo (20 partidos): Tras la pérdida de ambos laterales en el final de la temporada pasada, Araujo surgió como una de las alternativas fuertes. Sin terminar de consolidarse nunca como titular, se paseó por toda la defensa cubriendo diferentes puestos y hasta le tocó jugar de mediocampista. Si bien tuvo partidos malos, cumplió más o menos aceptablemente. En diferentes momentos mostró cierta solidez tanto cuando le tocó jugar de lateral derecho, de lateral izquierdo, o de central. De todos los defensores, fue el más útil cuando se proyectó al ataque.
Romat (22 partidos, 2 goles): Llegó a Huracán con muchas promesas pero en pocos momentos se vio lo que se esperaba de él. A pesar de tener aislados buenos partidos que ilusionaron un poco, especialmente en la proyección, no se convirtió jamás en una garantía y su espalda fue un factor importante a la hora de facilitarle las cosas a los delanteros rivales.
Nervo (33 partidos, 1 gol): Llamó la atención la baja en el rendimiento del capitán. Hasta ahora había sido casi siempre un bastión de la defensa, un hueso difícil de roer. Sin embargo, y sobre todo cuando no estuvo bien acompañado por el otro central, dejó huecos en el medio poco propios de un jugador de su experiencia. Pese a no haber sido ni de cerca de los peores del equipo, el contraste con anteriores temporadas dejó rápidamente en evidencia sus errores.
Mancinelli (24 partidos, 1 gol): Fue el menos irregular de la defensa. Tuvo que hacerse cargo de los errores ajenos, tanto de defensores como de centrales, y a veces no le alcanzó para cubrir los propios. Pese a esto, estuvo lleno de imprecisiones como el resto del equipo y no fue parte de esa sólida columna vertebral que Huracán supo tener.
Sosa (12 partidos, 2 goles): El pibe empezó el año destacándose por sus buenos rendimientos con la pelota bajo la suela, tanto en la defensa como en el mediocampo. Sin embargo y de a poco, su ímpetu y precisión se fueron diluyendo y terminó siendo, en parte, responsable de algunas derrotas y perdió por completo la continuidad. Dio la sensación de que todavía tenía algunas cosas para mostrar.
Risso (7 partidos): Le tocó cubrir partidos en los que los titulares de siempre no estaban disponibles y no fue una buena alternativa. Perdió por abajo y, pese a su altura, también por arriba. Rústico, lento y predecible fue siempre una ventaja para los rivales.
Villalba (18 partidos): Su puesto fue un gran problema la primera mitad el año y se ganó la titularidad apenas llegó. Al principio mostró algunas falencias cuando se proyectaba al ataque, dejando a la defensa demasiado vulnerable, pero rápidamente se acomodó al equipo e hizo un trabajo silencioso que se podría haber aprovechado mejor en un equipo con más nivel.

Fritzler (29 partidos): El polaco mantuvo su continuidad. Fue lo mejor del equipo. Fue sólido, especialmente en lo defensivo y tapando errores de sus compañeros, y las pocas veces que Huracán trató de llegar al arco rival con algo más que pelotazos, estuvo presente, aun cuando no eso no fuera lo que lo destacaba. Pese a que en la recta final del torneo su rendimiento tuvo una recaída que acompañó a la del resto del equipo, fue uno de los pocos (si no el único) de los que jamás se puso en duda la titularidad. Cuando no se pudo tenerlo en cancha, Huracán tuvo problemas.
Bogado (21 partidos, 3 goles): El cambio en el rendimiento de Bogado fue quizá el golpe más duro que tuvo que soportar el Globo. Pasó de ser titular indiscutido, una de las fichas más importantes del equipo, a ser un jugador del que se desconfiaba cada vez que tocaba la pelota. Se volvió extremadamente impreciso, descuidado atrás, poco o nada determinante adelante, una molestia más que una ayuda en el mediocampo. Duró demasiado tiempo como para que se tratara simplemente de una mala racha y eso repercutió directamente en el equipo.
Compagnucci (15 partidos): Fue desde el principio, y especialmente cuando se hizo evidente que Bogado no iba a recuperar su nivel, una alternativa interesante. No se destacó con respecto al resto del equipo y acompañó sus altibajos, pero por momentos mostró un poco de esa solidez que tanto necesitó Huracán.
González (26 partidos, 2 goles): Mariano dejó de ser ese factor determinante de la temporada anterior. Se mostró mucho más lento, incapaz de cambiar el ritmo del equipo o incidir seriamente en las oportunidades de ataque. Tuvo partidos aislados en los que hizo valer su buen trato a la pelota, cambiándole la cara al equipo, pero, más allá de eso, le costó transformar su experiencia en una herramienta para armar un juego sólido o para, al menos, llevar la pelota al arco rival.
Montenegro (21 partidos): El de esta temporada fue un Rolfi lleno de altibajos. Hubo partidos en los que se puso el equipo al hombro y lo llevó adelante pero hubo otros en los que se transformó en un jugador invisible, que le costaba llegar a la pelota y hacer algo interesante cuando la tenía. Nunca lo favoreció ser parte de un equipo que usaba recurrentemente el pelotazo pero tampoco fue un punto de partida para que eso cambiara.
Toranzo (12 partidos): No volvió a ser el mismo después del accidente y esos meses sin jugar. Tuvo pocos minutos para demostrar qué era capaz de hacer y en esas ocasiones se llegó a vislumbrar el talento que le conocemos con la pelota al pie. Sin embargo, no se vio nunca a ese Pato que ganaba partidos solo. La pregunta que salta a la vista es si vale la pena seguir esperando su recuperación.
Angulo (23 partidos): Lo del ecuatoriano fueron más promesas que cuestiones concretas. Prometió que iba a aportar velocidad en el ataque pero cuando cruzaba tres cuartos de cancha se le nublaba la visión y terminaba perdiendo la pelota. Prometió asistir a los delanteros pero cuando pisaba el área era incapaz de meter un pase preciso. Prometió limpiar a los defensores rivales pero se terminaba mareando él solo con la pelota en los pies. Finalmente fue una decepción.
Romero Gamarra (30 partidos, 4 goles): De mitad de cancha para adelante, el Kaku fue lo mejor de Huracán. Aun teniendo partidos malos, en los que fue invisible o sólo rindió 45 minutos, fue el encargado de darle velocidad al ataque. Picante, escurridizo, preciso, y sin mencionar los goles en los momentos clave, todavía tiene mucho para dar en Huracán. Con un equipo que lo acompañe, puede ser la próxima figura que llame la atención por fuera del mundo quemero.

Chacana (6 partidos, 1 gol): Jugó muy poco, casi siempre desde el banco de suplentes. Pese a mostrar un poco más de criterio que en la temporada anterior, no pasó de ser una alternativa más a tener en cuenta.
Pussetto (18 partidos, 3 goles): Más allá de sus recurrentes lesiones, fue un punto interesante del ataque de Huracán. Especialmente cuando jugó de extremo, sirvió para abrir mucho más la cancha, mejorar la visión de gol y aportar velocidad. De haber tenido un centro delantero con quien asociarse, el Globo seguramente se hubiese beneficiado mucho más.
Briasco (21 partidos, 4 goles): Tuvo que esperar a la segunda parte de la temporada para tener la oportunidad de consolidarse en el equipo. Alternó buenos partidos, en los que, pese a ocupar la función de 9, se destacó especialmente entrando desde afuera del área, con malos partidos, en los que casi no tocó la pelota, se mantuvo escondido entre los defensores rivales, o no tuvo la precisión necesaria.
Mendoza (22 partidos, 5 goles): Volviendo de su parate por el accidente, empezó a jugar inmediatamente y formó el once titular con cierta regularidad, pese a sus rendimientos. Se notó su voluntad para poner lo mejor de sí pero lo cierto es que no alcanzó. Sea por una disminución física o porque ese era su máximo, le costó mostrar solidez en algún aspecto. Lento, poco oportuno, sin ningún tipo de definición frente al arco, no demasiadas habilidades cuando salía del área y formaba parte del circuito de juego, en pocas ocasiones le hizo justicia a su posición de centrodelantero.
Barrales (7 partidos): Su retorno a Huracán no fue precisamente feliz. Aun siendo el delantero que, sin mucho, mejor ocupó espacios en el área, eso no se tradujo en goles ni victorias para Huracán. Y en un 9, esa es una falencia enorme.

Los demás futbolistas que participaron durante este semestre (Giordano, Marinelli, Muller,  Garré, Morales, Cosiuc, Iritier, Leandro Díaz, Falon, Cuomo, Depetris, Lesman y Molina) jugaron muy poco tiempo para realizar un correcto análisis de sus desempeños. Todos ellos, menos de cinco partidos. Algunos de ellos, con goles. Sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de juveniles que hubo en ese grupo, esto sugiere que variantes había pero no se supo cómo utilizarlas.

Eduardo Domínguez (38,9% de efectividad, 1 ganado, 4 empatados, 1 perdido): Muy poco duró Domínguez esta temporada. Muy pocos partidos alcanzaron para ver que no supo cómo hacer para idear un equipo sin Wanchope y una de las cosas que más se le criticaron fue parar equipos sin referencia de área. Aunque estaba teniendo problemas importantes para decidir qué hacer con este plantel, su renuncia fue inesperada y, quizá, demasiado temprana. La ilusión de un proyecto a largo plazo se terminó pronto.
Ricardo Caruso Lombardi (20,8% de efectividad, 1 ganado, 2 empatados, 5 perdidos): La llegada de Caruso fue tan sorpresiva como poco duradera. Vino a sacar puntos cuando Huracán todavía no estaba tan complicado con los promedios y se fue sin haberle encontrado la vuelta al equipo en ningún momento. De todas formas, ocho partidos es poco para sacar conclusiones.
Juan Manuel Azconzábal (38,6% de efectividad, 5 ganados, 7 empatados, 7 perdidos): El objetivo lo cumplió y Huracán se quedó en primera pero no logró armar un equipo que pudiera alcanzarlo antes de la última fecha. Probó con diferentes variantes en tanto nombres sin cambiar con ellos la idea de juego. Trató de armar un equipo sólido atrás, para lo que no le ayudaron los jugadores, pero adelante nunca quedó claro qué era lo que estaba intentando. Hubo demasiados partidos en los que paró el equipo como si adelante tuviera un 9 goleador. No es casualidad la insistencia del pelotazo como recurso. No demostró mucho y ya no tendrá tiempo de hacerlo porque hace unos días dejó de ser director técnico de Huracán.


sábado, 1 de julio de 2017

Análisis de la temporada


Finalizó una temporada complicada para Huracán. Se esperaba mucho más que lo que terminó ofreciendo y se terminó sufriendo mucho más de lo que se esperaba. Con eliminaciones decepcionantes y clasificaciones históricas a copas, pelea por el descenso hasta la última fecha y dos cambios de DT incluido el corazón del hincha todavía no pudo recuperarse.
Después de una larga pretemporada que podría haber augurado una buena preparación de cara al comienzo de las competencias, Huracán tuvo un inicio titubeante. Apenas con dos partidos encima, ya era eliminado de la edición pasada de la Copa Argentina. Pese a esto se vio una interesante intención de tener continuidad respecto a lo que se había visto la temporada anterior. Sin embargo, un detalle no menor, la ausencia de Wanchope Abila fue, desde el principio, un escollo muy difícil de superar. A partir de esto, las falencias comenzaron a hacerse evidentes. Al hecho de no contar con un 9 consolidados, se le sumó una defensa sin recambio y malos rendimientos en el mediocampo caracterizados por una tenencia de la pelota horizontal, no precisamente peligrosa, que poco hizo para llevar la pelota al arco rival.
La situación de Huracán no era la mejor pero el cambio de DT tomó a varios por sorpresa. La llegada de Caruso Lombardi también dio mucho de qué hablar. El presente del Globo no era tan apremiante como para traer a un entrenador famoso por salvar equipos del descenso.
Más allá de todas esas preguntas y especulaciones, Caruso no pudo con Huracán. Su equipo siguió mostrando muy poco en todas las líneas y el juego terminó dependiendo de las apariciones de jugadores puntuales que lejos estuvieron de encontrar regularidad. Sin saber a qué se estaba jugando, se trató de cubrir los huecos con actitud, pero no alcanzó. Después de mínimas mejorías momentáneas, y una racha de ocho partidos sin ganar, Caruso Lombardi renunción a la dirección técnica. Tras un corto interinato de Apuzzo con una derrota y una victoria, terminó una primera mitad de la temporada que auguraba preocupaciones.
En el 2017 fue el turno de Azconzábal de tomar las riendas del primer equipo de Huracán. Después de un primer traspié por la Copa Sudamericana, el Globo repuntó un poco. Fueron figurita repetida las fallas a la hora de definir pero se vio algo interesante cuando el mediocampo empezó a tener más volumen de juego, ganando cuando combinaba eso con velocidad de tres cuartos de cancha para adelante.
Sin embargo, lo que se había empezado a vislumbrar quedó en nada. Huracán alternó resultados sin identidad en el juego, sin tendencias que indicaran cuál era el camino que se quería tomar. Una vez más, dependió de las intervenciones de jugadores concretos y sufrió cada vez que no aparecían. Nadie sabía qué esperar de un equipo cuya única constante terminaban siendo los pelotazos frontales. Ni con su juego, ni con su capacidad goleadora, ni con la solidez de la defensa, mostró una identidad que diera alguna certeza a la hora de salir a ganar los partidos.
La recta final fue tan ciclotímica como el resto del año. El equipo ganó algunos encuentros pareciendo demostrar que tenía conciencia de la situación complicada en la tabla de los promedios, pero inmediatamente perdía partidos casi ganados, sorprendiendo por su poco compromiso.
Desde el banco de suplentes las certezas fueron también muy pocas. Por momentos la cancha se llenaba de mediocampistas que en otros tiempos demostraron tener buen pie, en ocasiones el número de delanteros fue el que llamó la atención (aunque por supuesto ninguno de ellos cumplió la tarea que debía cumplir), pero al mismo tiempo nadie impidió el exceso de pelotazos que no servía para aprovechar a esa multitud de jugadores.
Virando sin ton ni son tanto en el juego como en los resultados, a Huracán volvió a tocarle sufrir en el final. Intercalando una histórica clasificación en la Sudamericana después de remontar un 0-3, consiguió victorias y empates importantes pero al mismo tiempo perdió puntos que hubiesen sido claves para terminar la temporada con más tranquilidad. Aún con resultados ajenos que lo favorecían, alargó la definición del descenso hasta la última fecha por errores propios.
¿Fue por excesiva confianza, fue por falta de motivación, fue por incapacidad de jugar al fútbol con cierta decencia? Lo cierto es que el Globo terminó salvándose más por lo que sucedió con los rivales en los promedios que por lo efectivamente hecho.
Huracán estaba para más. Incluso con la pérdida de un jugador importantísimo como Abila, nada indicaba que el equipo tendría que penar hasta el final para saber en qué categoría jugará la siguiente temporada. Y no fue solamente una cuestión de resultados y posición en la tabla. Así como se salvó del descenso recién en la última fecha, el Globo comienza la segunda parte del 2017 teniendo compromisos en la Sudamericana y en la Copa Argentina. Lo que preocupó y sigue preocupando, es ese juego que no va ni para atrás ni para adelante.
¿Cómo mantener cierto grado de tranquilidad cuando el equipo no ofrece ningún tipo de seguridad en ninguna de las líneas de la cancha? ¿Cómo confiar cuando se viene encima una temporada en la que tendrá que empezar a sumar de a tres con más constancia para no tener que mirar los promedios? ¿Cómo soñar con ser protagonista en el plano internacional cuando en el nacional tiene grandes problemas para tener algún tipo de continuidad en lo futbolístico? Esas son las preguntas que seguirán dando vueltas en el mundo Huracán por lo menos hasta que dé inicio la segunda parte del año.