Se contará
como partido jugado aquel en el que el futbolista haya sido titular o bien haya
estado en la cancha por más de quince minutos. No se contará los goles de las
definiciones por penales.
Marcos Díaz (31 partidos, 34 goles
recibidos): Que Marcos es un arquero que nunca pasa desapercibido es un
hecho. Ya sea por sus atajadas, por sus achiques temerarios o por jugar como un
defensor más. Sin embargo, este año, y en coincidencia con el nivel general del
equipo, tuvo partidos en los que llamó la atención su rendimiento. No es un
dato menor que durante mucho tiempo tuvo que hacerse cargo de los errores de la
defensa y no siempre salió victorioso. Pese a esto, es no pocas ocasiones
Huracán terminó ganando o por lo menos no perdiendo gracias a sus atajadas. Una
cuestión que sí se repite desde hace más tiempo es la insistencia en salir con
el pelotazo largo.
Araujo (20 partidos): Tras la pérdida
de ambos laterales en el final de la temporada pasada, Araujo surgió como una
de las alternativas fuertes. Sin terminar de consolidarse nunca como titular,
se paseó por toda la defensa cubriendo diferentes puestos y hasta le tocó jugar
de mediocampista. Si bien tuvo partidos malos, cumplió más o menos aceptablemente.
En diferentes momentos mostró cierta solidez tanto cuando le tocó jugar de
lateral derecho, de lateral izquierdo, o de central. De todos los defensores,
fue el más útil cuando se proyectó al ataque.
Romat (22 partidos, 2 goles): Llegó a
Huracán con muchas promesas pero en pocos momentos se vio lo que se esperaba de
él. A pesar de tener aislados buenos partidos que ilusionaron un poco,
especialmente en la proyección, no se convirtió jamás en una garantía y su
espalda fue un factor importante a la hora de facilitarle las cosas a los
delanteros rivales.
Nervo (33 partidos, 1 gol): Llamó la
atención la baja en el rendimiento del capitán. Hasta ahora había sido casi
siempre un bastión de la defensa, un hueso difícil de roer. Sin embargo, y
sobre todo cuando no estuvo bien acompañado por el otro central, dejó huecos en
el medio poco propios de un jugador de su experiencia. Pese a no haber sido ni
de cerca de los peores del equipo, el contraste con anteriores temporadas dejó
rápidamente en evidencia sus errores.
Mancinelli (24 partidos, 1 gol): Fue el
menos irregular de la defensa. Tuvo que hacerse cargo de los errores ajenos,
tanto de defensores como de centrales, y a veces no le alcanzó para cubrir los
propios. Pese a esto, estuvo lleno de imprecisiones como el resto del equipo y
no fue parte de esa sólida columna vertebral que Huracán supo tener.
Sosa (12 partidos, 2 goles): El pibe
empezó el año destacándose por sus buenos rendimientos con la pelota bajo la
suela, tanto en la defensa como en el mediocampo. Sin embargo y de a poco, su
ímpetu y precisión se fueron diluyendo y terminó siendo, en parte, responsable
de algunas derrotas y perdió por completo la continuidad. Dio la sensación de
que todavía tenía algunas cosas para mostrar.
Risso (7 partidos): Le tocó cubrir
partidos en los que los titulares de siempre no estaban disponibles y no fue
una buena alternativa. Perdió por abajo y, pese a su altura, también por
arriba. Rústico, lento y predecible fue siempre una ventaja para los rivales.
Villalba (18 partidos): Su puesto fue
un gran problema la primera mitad el año y se ganó la titularidad apenas llegó.
Al principio mostró algunas falencias cuando se proyectaba al ataque, dejando a
la defensa demasiado vulnerable, pero rápidamente se acomodó al equipo e hizo
un trabajo silencioso que se podría haber aprovechado mejor en un equipo con
más nivel.
Fritzler (29 partidos): El polaco
mantuvo su continuidad. Fue lo mejor del equipo. Fue sólido, especialmente en
lo defensivo y tapando errores de sus compañeros, y las pocas veces que Huracán
trató de llegar al arco rival con algo más que pelotazos, estuvo presente, aun
cuando no eso no fuera lo que lo destacaba. Pese a que en la recta final del
torneo su rendimiento tuvo una recaída que acompañó a la del resto del equipo,
fue uno de los pocos (si no el único) de los que jamás se puso en duda la
titularidad. Cuando no se pudo tenerlo en cancha, Huracán tuvo problemas.
Bogado (21 partidos, 3 goles): El
cambio en el rendimiento de Bogado fue quizá el golpe más duro que tuvo que
soportar el Globo. Pasó de ser titular indiscutido, una de las fichas más
importantes del equipo, a ser un jugador del que se desconfiaba cada vez que
tocaba la pelota. Se volvió extremadamente impreciso, descuidado atrás, poco o
nada determinante adelante, una molestia más que una ayuda en el mediocampo. Duró
demasiado tiempo como para que se tratara simplemente de una mala racha y eso
repercutió directamente en el equipo.
Compagnucci (15 partidos): Fue desde el
principio, y especialmente cuando se hizo evidente que Bogado no iba a
recuperar su nivel, una alternativa interesante. No se destacó con respecto al
resto del equipo y acompañó sus altibajos, pero por momentos mostró un poco de
esa solidez que tanto necesitó Huracán.
González (26 partidos, 2 goles): Mariano
dejó de ser ese factor determinante de la temporada anterior. Se mostró mucho
más lento, incapaz de cambiar el ritmo del equipo o incidir seriamente en las
oportunidades de ataque. Tuvo partidos aislados en los que hizo valer su buen
trato a la pelota, cambiándole la cara al equipo, pero, más allá de eso, le
costó transformar su experiencia en una herramienta para armar un juego sólido
o para, al menos, llevar la pelota al arco rival.
Montenegro (21 partidos): El de esta
temporada fue un Rolfi lleno de altibajos. Hubo partidos en los que se puso el
equipo al hombro y lo llevó adelante pero hubo otros en los que se transformó
en un jugador invisible, que le costaba llegar a la pelota y hacer algo
interesante cuando la tenía. Nunca lo favoreció ser parte de un equipo que
usaba recurrentemente el pelotazo pero tampoco fue un punto de partida para que
eso cambiara.
Toranzo (12 partidos): No volvió a ser
el mismo después del accidente y esos meses sin jugar. Tuvo pocos minutos para
demostrar qué era capaz de hacer y en esas ocasiones se llegó a vislumbrar el
talento que le conocemos con la pelota al pie. Sin embargo, no se vio nunca a
ese Pato que ganaba partidos solo. La pregunta que salta a la vista es si vale
la pena seguir esperando su recuperación.
Angulo (23 partidos): Lo del
ecuatoriano fueron más promesas que cuestiones concretas. Prometió que iba a
aportar velocidad en el ataque pero cuando cruzaba tres cuartos de cancha se le
nublaba la visión y terminaba perdiendo la pelota. Prometió asistir a los delanteros
pero cuando pisaba el área era incapaz de meter un pase preciso. Prometió
limpiar a los defensores rivales pero se terminaba mareando él solo con la pelota
en los pies. Finalmente fue una decepción.
Romero Gamarra (30 partidos, 4 goles): De
mitad de cancha para adelante, el Kaku fue lo mejor de Huracán. Aun teniendo partidos
malos, en los que fue invisible o sólo rindió 45 minutos, fue el encargado de
darle velocidad al ataque. Picante, escurridizo, preciso, y sin mencionar los
goles en los momentos clave, todavía tiene mucho para dar en Huracán. Con un
equipo que lo acompañe, puede ser la próxima figura que llame la atención por
fuera del mundo quemero.
Chacana (6 partidos, 1 gol): Jugó muy
poco, casi siempre desde el banco de suplentes. Pese a mostrar un poco más de
criterio que en la temporada anterior, no pasó de ser una alternativa más a
tener en cuenta.
Pussetto (18 partidos, 3 goles): Más
allá de sus recurrentes lesiones, fue un punto interesante del ataque de
Huracán. Especialmente cuando jugó de extremo, sirvió para abrir mucho más la
cancha, mejorar la visión de gol y aportar velocidad. De haber tenido un centro
delantero con quien asociarse, el Globo seguramente se hubiese beneficiado
mucho más.
Briasco (21 partidos, 4 goles): Tuvo
que esperar a la segunda parte de la temporada para tener la oportunidad de
consolidarse en el equipo. Alternó buenos partidos, en los que, pese a ocupar
la función de 9, se destacó especialmente entrando desde afuera del área, con
malos partidos, en los que casi no tocó la pelota, se mantuvo escondido entre
los defensores rivales, o no tuvo la precisión necesaria.
Mendoza (22 partidos, 5 goles): Volviendo
de su parate por el accidente, empezó a jugar inmediatamente y formó el once
titular con cierta regularidad, pese a sus rendimientos. Se notó su voluntad
para poner lo mejor de sí pero lo cierto es que no alcanzó. Sea por una disminución
física o porque ese era su máximo, le costó mostrar solidez en algún aspecto.
Lento, poco oportuno, sin ningún tipo de definición frente al arco, no
demasiadas habilidades cuando salía del área y formaba parte del circuito de
juego, en pocas ocasiones le hizo justicia a su posición de centrodelantero.
Barrales (7 partidos): Su retorno a
Huracán no fue precisamente feliz. Aun siendo el delantero que, sin mucho,
mejor ocupó espacios en el área, eso no se tradujo en goles ni victorias para
Huracán. Y en un 9, esa es una falencia enorme.
Los demás
futbolistas que participaron durante este semestre (Giordano, Marinelli, Muller, Garré, Morales, Cosiuc, Iritier, Leandro Díaz, Falon, Cuomo, Depetris, Lesman y Molina)
jugaron muy poco tiempo para realizar un correcto análisis de sus desempeños.
Todos ellos, menos de cinco partidos. Algunos de ellos, con goles. Sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de juveniles que hubo en ese
grupo, esto sugiere que variantes había pero no se supo cómo utilizarlas.
Eduardo Domínguez (38,9% de efectividad, 1
ganado, 4 empatados, 1 perdido): Muy poco duró Domínguez esta temporada.
Muy pocos partidos alcanzaron para ver que no supo cómo hacer para idear un
equipo sin Wanchope y una de las cosas que más se le criticaron fue parar
equipos sin referencia de área. Aunque estaba teniendo problemas importantes
para decidir qué hacer con este plantel, su renuncia fue inesperada y, quizá,
demasiado temprana. La ilusión de un proyecto a largo plazo se terminó pronto.
Ricardo Caruso Lombardi (20,8% de
efectividad, 1 ganado, 2 empatados, 5 perdidos): La llegada de Caruso fue
tan sorpresiva como poco duradera. Vino a sacar puntos cuando Huracán todavía
no estaba tan complicado con los promedios y se fue sin haberle encontrado la
vuelta al equipo en ningún momento. De todas formas, ocho partidos es poco para
sacar conclusiones.
Juan Manuel Azconzábal (38,6% de
efectividad, 5 ganados, 7 empatados, 7 perdidos): El objetivo lo cumplió y
Huracán se quedó en primera pero no logró armar un equipo que pudiera
alcanzarlo antes de la última fecha. Probó con diferentes variantes en tanto
nombres sin cambiar con ellos la idea de juego. Trató de armar un equipo sólido
atrás, para lo que no le ayudaron los jugadores, pero adelante nunca quedó
claro qué era lo que estaba intentando. Hubo demasiados partidos en los que
paró el equipo como si adelante tuviera un 9 goleador. No es casualidad la
insistencia del pelotazo como recurso. No demostró mucho y ya no tendrá tiempo
de hacerlo porque hace unos días dejó de ser director técnico de Huracán.