Esta vez el
clásico fue para los primos. Aunque Huracán puso todo para, por lo menos,
empatarlo y San Lorenzo hizo poco más que el gol. La sensación que dejó lo que
se vio en la cancha fue un poco diferente a la que se ve en el resultado.
Acorde con
cómo se vivieron los últimos clásicos, San Lorenzo se dedicó a esperar a un
Huracán que salió a ganarlo. Por momentos más limpiamente y por momentos
simplemente tratando de aplastar la resistencia rival, el Globo se armó
alrededor de Montenegro y Mariano González. Tuvo algunas Briasco que terminó
desperdiciando por resbalones en el área. El arquero cuervo se complicó en un
par de ocasiones pero a último momento siempre pudo salvar su valla.
En el segundo
tiempo las chances de Huracán empezaron a parecer cada vez más cercanas a
concretarse. Sin embargo, a los 12 minutos, el cambio de Mendoza por Montenegro
inició el descarrilamiento. No por consecuencia directa de ese ingreso, un
minuto más tarde llegó el gol de Angeleri. Lo que si fue consecuencia directa
fue la incapacidad de Huracán de volver a llevar peligro más o menos
ordenadamente al arco de San Lorenzo. Azconzábal siguió descompensando al
equipo cuando Toranzo entró por Risso. El ciclón jamás aprovechó esa ventaja y
se acomodó en la diferencia mínima pero al Globo tampoco le sumó tener al Pato
en la cancha. A los 34 ingresó Angulo en un intento de tener más velocidad
adelante, y pudo haber funcionado pero Huracán, como ya es sabido, tiene
importantes problemas para meter la pelota adentro del arco.
¿El partido lo
perdió Azconzábal con los cambios? Gran parte de la responsabilidad estuvo en
sus decisiones. San Lorenzo mostró poco y nada y daba la sensación de que de un
momento a otro Huracán convertiría. Montenegro estaba siendo el eje del equipo
y probablemente hubiese sido más provechoso seguir teniéndolo en cancha que
sumar a un 9, Mendoza, cuya capacidad goleadora está en duda desde hace
muchísimo tiempo. Toranzo tuvo un partido para el olvido y no pudo cubrir el
lugar que había dejado el Rolfi, y Mariano González, después de pasarse toda la
tarde ocupando espacios y tratando de habilitar a los de adelante, ya no tenía
resto físico. Romero Gamarra fue una de las cartas fuertes pero nuevamente le
costó encontrar con quién asociarse en el área. Briasco lo hizo bastante mejor
que Mendoza y aun así no alcanzó. Es casi inevitable preguntarse si el ingreso
más temprano de Angulo hubiese ayudado un poco más. Es cierto que tiene
problemas para definir, pero es una carta interesante para desequilibrar. A
parte de todo esto, hay que hacer un llamado de atención a Risso, a quien le
costó reemplazar a Mancinelli con solidez.
Lo más
llamativo de todo es que Huracán jugó la última media hora de partido como si
sólo hubiesen faltado diez minutos para el final. No sólo los cambios
evidenciaron esto, también la insistencia en tirar el pelotazo cuando es de
común conocimiento que al equipo le falta altura para ganar esas pelotas y las
mejores herramientas están en los pies de los que saben (el Rolfi, el Kaku, González, hasta Toranzo jugando un mal partido). Azconzábal
los pone en cancha pero no parece muy convencido de que la solución pase por un
juego que los tenga a ellos por protagonistas. El futuro del Globo, con esta
manera de encarar las cosas, sigue siendo una incógnita.

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