Casi ni hace falta aclarar que el árbol no debe tapar el bosque. Huracán escondió con un empate 93 minutos de juego sin rumbo, de rendimientos imprecisos, de ideas poco claras. No es pronto para empezar a preocuparse, el Globo está para mucho más y el error va a ser conformarse con lo poquísimo que se vio en este inicio de campeonato.
El primer tiempo fue casi todo de Tigre. Rápido y sin vueltas, se dedicó a convertir a Marcos Díaz en la figura aprovechando los huecos de una defensa que solamente era ayudada por Fritzler. El Globo levantó un poco después del primer cuarto de hora. Se adelantó unos pasos en el campo y disputó el protagonismo en el medio, pero las mejores jugadas siguieron siendo del local. A los 41 minutos, en un tiro de esquina, a Luna le bajaron una pelota que mandó a colocar de cabeza, plasmando en los números lo que se había visto durante toda la primera parte.
Como en los partidos anteriores, Huracán fue protagonista en el segundo tiempo, aunque esto no significó que mostrara claridad en sus intenciones. Ni siquiera los cambios ofensivos lograron aportar un poco de peso adelante. El mediocampo fue una máquina de imprecisiones que dejó a Barrales y a Mendoza muy solos arriba. Tigre se tiró muy atrás pero el Globo no encontraba la manera de aprovecharlo. Hubo que esperar a la última jugada para que Nervo concretara y lograra un poco de desahogo para el equipo.
El problema defensivo de Huracán es conocido, pero también es cierto que hay poco material para trabajar en esa zona más que esperar la vuelta de Mancinelli con su liderazgo. Lo llamativo es lo que ocurre en la mitad de la cancha. A excepción de Fritzler, que como siempre fue sólido y cumplió como debía, se vio a los jugadores descoordinados, con poca astucia, además de una serie de errores que hace unos cuantos meses hubieran sorprendido en el Rolfi y González. Toranzo tampoco fue ni para atrás ni para adelante y recién a los 30 del segundo tiempo, con el ingreso de Angulo, se pudo ver un poco más de conducción en ese sector de la cancha. Esa incapacidad de hacer llegar la pelota al área rival redime un poco a los delanteros, aunque hay que mencionar que a Mendoza le faltó puntería en las pocas que tuvo y que Barrales estuvo lento.
Si lo que está haciendo Eduardo Domínguez es una especie de experimento, es momento de que empiece a probar con lo que hay en el banco. Huracán tiene alternativas, salvo en la defensa más que de costumbre, y da la sensación de que no las está aprovechando.
CeciQuemera

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