Si las cosas no salieron fue por
la combinación de malos rendimientos particulares y un planteo general del
juego que sembró dudas del minuto 0 al 90. Huracán estaba en condiciones de
ganar el partido y se tuvo que conformar con un punto que dejó a Quilmes bastante
satisfecho.
El primer tiempo del Globo fue un
ir y venir de la pelota sin ideas. La posesión era mayoritaria, pero más que
una ventaja parecía un problema cuando había que llegar al arco rival. Quilmes
se envalentonó y salió a presionar arriba. Así fue como consiguió el gol, a los
24 minutos, cuando Romat se resbaló frente a su marcador y le regaló una pelota
que derivó en el tiro de larga distancia de Andrada. Marcos Díaz se quedó corto
con la atajada y dejó que el balón se le metiera en la red. Las cosas no
cambiaron. Huracán siguió en la cancha como si no supiera muy bien que debía
llegar al arco rival. Pussetto fue el único soplo de aire fresco pero poco pudo
hacer solo.
El equipo salió al segundo tiempo
con dos cambios que le mejoraron un poco la cara: Toranzo por Garré y Barrales
por Bogado. Comodo con el resultado, Quilmes se quedó en su campo y le dejó
toda la responsabilidad del juego a Huracán. A partir de la cabeza del Pato y
una referencia de área como Barrrales que ordenaba las ideas, el Globo fue
acercándose cada vez más, mejorando incluso la profundidad con el ingreso de
Romero Gamarra. A los 24, después de un toqueteo interesante en tres cuartos de
cancha, a Sosa le quedó en los pies un despeje rival y, pegándole de primera,
marcó el empate. Después de eso, Huracán siguió dominando, pero poco a poco fue
perdiendo intensidad, a lo que se sumaron los constantes cortes del juego de
parte de Quilmes.
¿Fue parte del problema haber
salido a la cancha sin un 9? Sí. Huracán deambuló sin rumbo durante los
primeros 45 minutos en gran medida por la falta de un delantero que guiara las
intenciones. Esto mismo hizo que Montengro tuviera que jugar más adelante que
de costumbre y se desperdiciara su juego. Además, restó el flojo rendimiento de
Bogado y Marcos Díaz (tanto en el gol como en la salida), junto con las
intervenciones siempre a destiempo de González. Romat y Garré, los laterales reemplazantes
de San Román y Balbi, completaron un cuadro preocupante. La entrada del Pato y
Kaku aportó aire y frescura a un mediocampo que se ahogaba solo. Barrales, aun
dando la sensación de que le falta un poco de fútbol, se convirtió en una
preocupación para la defensa de Quilmes. Esa distracción ayudó a que Sosa (de
muy buen partido tanto de central como cuando tuvo que correrse al lateral)
empatara. Mención aparte para Fritzler, el más regular de la cancha, y para Pussetto,
lo más picante y prometedor del once titular.
El llamado de atención para el DT
es importante. Jugar sin 9 demuestra cada vez más no ser una alternativa
viable. Lo visto en el segundo tiempo es el principio de la solución. Eduardo
Domínguez deberá realizar un trabajo interesante para elegir a los mejores para
encarar cada partido, además de trabajar la coordinación de la defensa, lugar del
campo en el que casi no hay recambio. Esto recién empieza y, si se hacen las
cosas bien, Huracán puede volver a sorprender.
CeciQuemera

No hay comentarios:
Publicar un comentario