Rascando lo último que quedaba,
Huracán alcanzó el empate. Podríamos estar satisfechos porque el desarrollo del
partido decía que Independiente se iba a llevar los tres puntos, pero sería
conformarse con poco. El Globo tuvo para ganarlo al principio, pero después del
gol rival, se transformó en un equipo sin rumbo, dando una imagen lastimosa.
Huracán fue mucho más en el Primer
Tiempo, especialmente los primeros 25 minutos. Con orden y buenas ideas, por
momentos dio la sensación de que se llevaba por delante al Rojo, que daba pocas
señales de reacción, y cuando lo hacía, se topaba con una franja central
defensiva muy firme. Una vez más, lo que faltó fue meter la pelota bajo los
tres palos. Esto hizo que hacia el final, Independiente se envalentonara un
poco, sin lograr, todavía, quebrar las líneas Quemeras.
El equipo que salió al Segundo
Tiempo fue totalmente distinto. Lento y desorganizado, planteó las condiciones
perfectas para que le metieran un gol. A los 2 minutos, una gran desinteligencia
defensiva que incluyó un nulo cierre de Balbi (provocando que Mancinelli fuera
incapaz de cubrir todos los espacios del lateral izquierdo) y una mala salida
de Marcos Díaz desembocó en el tanto rival. Le jugó a favor que Independiente
se conformara rápido con el 1-0, porque los espacios que dejaban los laterales
en cada ataque pudieron haber sido fatales. Sin embargo, a los 45 minutos,
Huracán tuvo la oportunidad de meter ese gol que debía haber hecho en el Primer
Tiempo: un corner de Espinoza que, después de un rechazo y un cabezazo de
Distéfano para redirigirla al área, Vismara bajó con el pecho y Abila metió de
volea.
El Huracán del Primer Tiempo es
ese equipo que todos esperamos ver: inteligente, firme atrás, creativo
adelante, no necesariamente rápido pero sí astuto. A ese Huracán sólo le falta
el gol. Tuvo oportunidades, y muchos, y de haber seguido jugando así,
probablemente en el Segundo Tiempo habría tenido más. Pero en la segunda parte,
el Globo se convirtió en un equipo previsible, empezando con los pelotazos de
Marcos Díaz en vez de salir jugando, pasando por un mediocampo que se cerraba
sobre sí mimos achicando espacios propios, y terminando con un Wanchope Abila
marcado de a muchos y que, pese a eso, seguía recibiendo pelotas imposibles de
controlar. Los ataques eran muy inocentes, y la desesperación con la que iban
hacia adelante hizo que se desperdiciaran los pocos toques diferentes que
quedaban. Por otro lado, no hay que dejar de mencionar la buena tarea de Nervo
hasta en los peores momentos del Globo. El gol trajo algo de justicia
recordando lo hecho en el Primer Tiempo, pero el Huracán de los segundos 45
minutos no lo merecía.
Llama la atención que el equipo no
sea capaz de mantener el juego y las intenciones si no mete gol rápido. Las
condiciones están, y quedó a la vista por lo hecho al principio, pero falta un
poco de perseverancia cuando las cosas no salen y, cómo no, afinar la puntería.
De cara a lo que queda del torneo y al clásico, especialmente, hay que tenerlo
en cuenta.
CeciQuemera.

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