domingo, 21 de octubre de 2018

Independiente 3-1 Huracán


Después de un parate de varias semanas (lesiones mediante), Huracán volvió al ruedo y se pegó un tropezón que todavía no es caída. Casi nunca tuvo el partido a su alcance y se vio claramente superado por Independiente tanto en el resultado como en el juego.

La primera media hora del partido más que jugarla Huracán la padeció. No habían pasado dos minutos y Gigliotti ya se había filtrado entre Salcedo y Chimino para marcar el primero. Independiente se movió muy rápido todo el tiempo y el Globo tuvo que correrlo de atrás. Incluso cuando luego de unos primeros veinte minutos muy intensos el local bajó el ritmo, a Huracán le costó abrirse camino. Hacia los treinta recién logró organizar la reacción y tuvo dos jugadas (una muy clara de Álvarez que se fue por arriba) que señalaron que romper el fondo de Independiente podía no ser tan imposible como parecía. El volumen de juego no ayudó a que eso sucediera.

El segundo tiempo fue un poco más parejo, en parte gracias a que Independiente retrocedió unos metros. Pese a eso, Huracán siguió siendo un equipo muy lento e impreciso que debía enfrentarse a un rival rápido y con mayor facilidad para definir sus jugadas. El segundo del Rojo llegó a los 15 a partir de Benítez luego de que Gigliotti se sacara fácilmente de encima la marca de Chimino y Salcedo y lo habilitara. Huracán era poco más que intenciones. Los cambios ayudaron a generar más espacios arriba, y por algunos minutos antes y después del descuento, se vieron algunas alternativas. A los 37 minutos, Mendoza recibió un centro de Gamba y de cabeza entre sus marcadores convirtió. Sin embargo, la esperanza del empate desaparecería a los 45 cuando Gigliotti, nuevamente, le ganó en velocidad a Mancinelli, no encontró otra resistencia y sentenció el resultado.

La diferencia de velocidades entre ambos equipos fue lo primero que se hizo evidente en el partido. No fue solamente el movimiento dentro de la cancha si no la toma de decisiones. Huracán nunca estuvo en condiciones de tener la iniciativa y marcar el ritmo del juego sino que debió intentar amoldarse a lo que Independiente proponía. La defensa se mostró descoordinada, el mediocampo con poco peso y hubo muy poco para hacer adelante. Lo poco que se consiguió no fue bien definido, incluso cuando se pudo ver que la solidez defensiva del local no era tal. Intentó Huracán sobre todo con escaladas por las bandas y centros, pero no tuvo herramientas para frenar el ímpetu y la presión insistente de Independiente. La falta de Damonte se hizo muy notoria. El equipo no logró cubrir su ausencia dejando a Rossi muy solo para ordenar al equipo (Bogado no fue para nada el jugador determinante que supo ser). Los mediocampistas ofensivos y los delanteros en varias ocasiones tuvieron que bajar demasiado para tener contacto con la pelota y aun así no se consiguió generar peligro. Por otra parte, no haber contado con Araujo en la defensa también fue importante, aunque los errores que se cometieron fueron más allá de esa eventualidad. Algo que suele hacer este equipo, cerrar espacios y armar un fuerte en el fondo, no sucedió en este partido. Hubo cierta mejoría en el segundo tiempo, sobre todo a partir de los cambios, que refrescaron el juego del equipo. Sin embargo, Huracán no fue capaz de encontrar los espacios ni siquiera a partir de la incertidumbre que generó el gol de Mendoza y casi siempre se mantuvo dentro de las reglas que establecía Independiente.

Lo que suceda en próximos partidos, y a partir de la vuelta de quienes hace bastante se convirtieron en titulares indiscutidos, señalará si esto fue solamente un traspié o no. Es un llamado de atención, de todas formas, para un equipo que puede volver a sufrir ausencias importantes (sobre todo si tenemos en cuenta la edad del once titular). Si de algo sirve esta derrota es para dejar claros los puntos flojos de este Huracán y trabajar en ellos.

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