Después de un parate de varias semanas (lesiones mediante), Huracán
volvió al ruedo y se pegó un tropezón que todavía no es caída.
Casi nunca tuvo el partido a su alcance y se vio claramente superado
por Independiente tanto en el resultado como en el juego.
La primera media hora del partido más que jugarla Huracán la
padeció. No habían pasado dos minutos y Gigliotti ya se había
filtrado entre Salcedo y Chimino para marcar el primero.
Independiente se movió muy rápido todo el tiempo y el Globo tuvo
que correrlo de atrás. Incluso cuando luego de unos primeros veinte
minutos muy intensos el local bajó el ritmo, a Huracán le costó
abrirse camino. Hacia los treinta recién logró organizar la
reacción y tuvo dos jugadas (una muy clara de Álvarez que se fue
por arriba) que señalaron que romper el fondo de Independiente podía
no ser tan imposible como parecía. El volumen de juego no ayudó a
que eso sucediera.
El segundo tiempo fue un poco más parejo, en parte gracias a que
Independiente retrocedió unos metros. Pese a eso, Huracán siguió
siendo un equipo muy lento e impreciso que debía enfrentarse a un
rival rápido y con mayor facilidad para definir sus jugadas. El
segundo del Rojo llegó a los 15 a partir de Benítez luego de que
Gigliotti se sacara fácilmente de encima la marca de Chimino y
Salcedo y lo habilitara. Huracán era poco más que intenciones. Los
cambios ayudaron a generar más espacios arriba, y por algunos
minutos antes y después del descuento, se vieron algunas
alternativas. A los 37 minutos, Mendoza recibió un centro de Gamba y
de cabeza entre sus marcadores convirtió. Sin embargo, la esperanza
del empate desaparecería a los 45 cuando Gigliotti, nuevamente, le
ganó en velocidad a Mancinelli, no encontró otra resistencia y
sentenció el resultado.
La diferencia de velocidades entre ambos equipos fue lo primero que
se hizo evidente en el partido. No fue solamente el movimiento dentro
de la cancha si no la toma de decisiones. Huracán nunca estuvo en
condiciones de tener la iniciativa y marcar el ritmo del juego sino
que debió intentar amoldarse a lo que Independiente proponía. La
defensa se mostró descoordinada, el mediocampo con poco peso y hubo
muy poco para hacer adelante. Lo poco que se consiguió no fue bien
definido, incluso cuando se pudo ver que la solidez defensiva del
local no era tal. Intentó Huracán sobre todo con escaladas por las
bandas y centros, pero no tuvo herramientas para frenar el ímpetu y
la presión insistente de Independiente. La falta de Damonte se hizo
muy notoria. El equipo no logró cubrir su ausencia dejando a Rossi
muy solo para ordenar al equipo (Bogado no fue para nada el jugador
determinante que supo ser). Los mediocampistas ofensivos y los
delanteros en varias ocasiones tuvieron que bajar demasiado para
tener contacto con la pelota y aun así no se consiguió generar
peligro. Por otra parte, no haber contado con Araujo en la defensa
también fue importante, aunque los errores que se cometieron fueron
más allá de esa eventualidad. Algo que suele hacer este equipo,
cerrar espacios y armar un fuerte en el fondo, no sucedió en este
partido. Hubo cierta mejoría en el segundo tiempo, sobre todo a
partir de los cambios, que refrescaron el juego del equipo. Sin
embargo, Huracán no fue capaz de encontrar los espacios ni siquiera
a partir de la incertidumbre que generó el gol de Mendoza y casi
siempre se mantuvo dentro de las reglas que establecía
Independiente.
Lo que suceda en próximos partidos, y a partir de la vuelta de
quienes hace bastante se convirtieron en titulares indiscutidos,
señalará si esto fue solamente un traspié o no. Es un llamado de
atención, de todas formas, para un equipo que puede volver a sufrir
ausencias importantes (sobre todo si tenemos en cuenta la edad del
once titular). Si de algo sirve esta derrota es para dejar claros los
puntos flojos de este Huracán y trabajar en ellos.

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