Con mucho amor propio y un poco menos de juego Huracán ganó un
partido que veinte minutos antes estaba perdiendo por dos goles. Le
costó encontrarle la vuelta a un Colón relativamente sólido y
terminó ganándolo desde lo anímico.
La mayor parte del primer tiempo fue muy pareja. Ambas defensas
lograban detener los avances rivales y el mediocampo estuvo muy
disputado. El Globo tuvo un poco más la iniciativa al comienzo del
partido, como nos tiene acostumbrados, pero a medida que pasaban los
minutos y el gol no llegaba se fue perdiendo esa superioridad. El
juego no avisaba que llegarían dos goles en tres minutos del lado
visitante. El primero, a los 39 minutos, derivó de un error en la
salida de Damonte que, luego de dos pases escalonados culminó con un
remate que se desvió en Chimino, descolocando a Marcos Díaz. El
segundo, luego de un par de rebotes que siempre terminaron en piernas
de Colón y algunos cómodos y preocupantes pases en el área, fue de
Chancalay a los 42. Si antes había tenido un partido discreto con
huecos en el mediocampo, a partir de ese momento Huracán se
desordenó y le facilitó las cosas al rival.
A Colón se lo veía muy cómodo con la diferencia de dos goles. Lo
ayudó la incapacidad de Huracán de utilizar los espacios que fue
ofreciendo cada vez más. La expulsión de Auzqui a los cinco minutos
no hizo más que seguir oscureciendo el panorama. Sin embargo, a
partir de los cambios, Huracán empezó a mostrar otra cara. De menor
a mayor fue tomando cada vez mayor presencia, aun sin demasiada
claridad. A los 27 minutos Gamba recibió una pelota en el área que
había tomado Chávez de un rebote y comenzó a cambiar la historia.
Colón no tuvo tiempo para acomodarse al nuevo estado de la
situación. Un minuto más tarde Gamba habilitaría a Roa para que
marcara el empate. El equipo visitante nunca supo cómo salir de su
área luego de haber pasado tantos minutos creyendo que tenía el
partido liquidado. El gol de Gamba de tiro libre (previo desvío en
la barrera) a los 38 se venía anunciando y coronó el cambio de
cara que había tenido Huracán.
Dentro de los 90 minutos se dieron varios partidos diferentes. Por un
lado, casi todo un primer tiempo muy parejo en el que el fondo de
Huracán respondió bien (mejor los centrales que los laterales), el
mediocampo no logró ganar la disputa con los volantes de Colón y
con pocas oportunidades claras adelante. A partir de los goles en
contra, el Globo empezó a mostrar más espacios atrás, sobre todo
en los laterales, fue incapaz de tener la pelota inteligentemente y
no se acercó al arco rival. Los cambios fueron un factor clave para
cambiar el transcurso del partido y aquí la tarea a rescatar es la
de Alfaro. No esperó de más como en otros partidos, se arriesgó
haciendo cambios ofensivos y todos ellos cubrieron las falencias que
venía mostrando Huracán. El equipo pasó a atacar tanto que ya no
tuvo oportunidad de sufrir atrás. Sin convertirse en una línea
impecable, el mediocampo cubrió los espacios que había mostrado
todo el partido y generó la base para que adelante el Globo sumara
una cuota de rapidez e imprevisibilidad clave para marcar goles. La
tarea de Gamba en este sentido fue superlativa. Huracán jugó con la
confianza de Colón sobre el resultado que parecía irremontable y
terminó forzando los goles. De todas formas, si hay algo que este
partido no tuvo fue prolijidad. Se notó que Damonte estaba a media
máquina y una vez más Rossi tuvo la responsabilidad de ocupar
espacios que no suele ocupar, lo que generó más problemas que
certezas. Este equipo sigue extrañando a Araujo. Ninguno de los dos
laterales tuvo un gran partido pero la espalda de Álvarez fue un
peligro todo el tiempo que estuvo en cancha. Adelante vuelven a
aparecer dudas respecto a la delantera titular. El 9 cambió, pero la
respuesta volvió a salir del banco, esta vez con nombres diferentes,
lo que habla de una falta de regularidad en ese puesto (más allá de
que el acompañamiento, en este partido especialmente con Gamba, ya
es una de las cartas fuertes de este equipo).
Lo que no le faltó a este equipo fue hambre de gol. Eso es algo que
un gran equipo siempre debe tener y es el factor que termina
definiendo todo cuando el juego no funciona. Sin embargo, el juego
hace falta y Huracán debe preguntarse cómo resolver esa fuerte
dependencia de algunos nombres propios a la hora de armarse con
solidez. Tiene un colchón de confianza muy importante para construir
sobre él.



