El partido
para arrancar el torneo no prometía ser fácil pero el resultado y lo que se vio
en el juego terminó siendo un poco más aplastante de lo esperado. Este Huracán
a medio armar no supo estar a la altura de las circunstancias e Independiente
terminó aprovechando bien esa situación.
Desde temprano
quedó claro qué rol cumpliría cada equipo en la cancha. Independiente se armó
desde la tenencia de la pelota y la recuperación rápida y eso no le dejó
espacios a Huracán para que intentara construir juego. La única jugada clara
que el visitante tuvo, tras una habilitación al área chica de Romero Gamarra,
terminó adentro del arco gracias al pie de Wanchope Abila. Pero ni siquiera la
alegría duró mucho. Dos minutos después, a los veinte, Benítez capitalizó un
buen centro de Sánchez Miño que descolocó a toda la defensa. La superioridad
numérica del Rojo en casi todos los lugares de la cancha impidió que Huracán se
ilusionara con otro gol.
En el segundo
tiempo las cosas cambiaron. El Globo tuvo más lugar para hacer y deshacer a su
gusto porque Independiente retrocedió un par de pasos y se paró de contragolpe.
Sin embargo, y aun teniendo más libertades, a Huracán le costó encontrar un
resquicio en la defensa del local. Quién sí pudo identificar y aprovechar los
agujeros en el fundo de su rival fue Independiente. A los catorce, Leandro
Fernández recibió una habilitación en medio de los centrales, luego de que
Huracán perdiera la pelota en el ataque, y superó el achique de Marcos Díaz
marcando el segundo. A quince minutos del final, Benítez volvió a vacunar
frente a una defensa que nunca se decidió a seguirlo o a cerrarle los caminos.
Huracán nunca estuvo cerca ni del empate ni del descuento y el resultado ya no
volvería a cambiar.
Dadas las
condiciones del nuevo director técnico, Alfaro, se puede suponer que el fuerte
de este equipo no va a ser la tenencia prologada de la pelota. Eso significa
tener que saber jugar sin ella, y no fue lo que sucedió frente a Independiente.
Dejó que el rival se moviera demasiado tranquilo hasta casi el último cuarto de
cancha, y la defensa no estaba en condiciones de sostener eso. Los laterales
tuvieron problemas para cuidar sus espaldas y los centrales no coordinaron. Marcos
Díaz tuvo algunas buenas atajadas especialmente en el primer tiempo pero se
hizo evidente que el equipo no puede depender en todo de su arquero. En el
medio hubo muy poco volumen creativo. A Compagnucci y Calello les costó mucho
convertirse en el pilar fundacional del juego de Huracán y la responsabilidad,
como de costumbre, terminó recayendo en Romero Gamarra. Muy poquito de él en el
primer tiempo (la asistencia a Abila fue impecable) y algunas intervenciones de
Pussetto cuando se soltaba de su posición más retrasada y se lanzaba al ataque
por la banda fueron de las pocas cosas que rompieron el molde. El recurso por
defecto sigue siendo el pelotazo. No podemos dejar de mencionar a Wanchope que,
por lo menos en este primer partido, cumplió con lo que prometía. Lo cierto es
que hace falta más que un 9 goleador para que el equipo funcione correctamente
pero su presencia va a ahorrar varios dolores de cabeza.
El torneo
recién empieza y lo bueno es que ahora hay dos semanas, con Copa Argentina en
el medio, para solucionar errores y probar alternativas antes del próximo
partido. El tiempo no le sobra a este Huracán pero tampoco va a favorecerlo empezar
a desesperarse desde tan temprano.



