Después de varias semanas de
descanso, Huracán empezó el semestre con el pie derecho. Sin derrochar
demasiado pero tampoco sufriendo en exceso, le ganó al modesto Central Córdoba,
que le hizo frente con dignidad. Pasó a 16avos de final de esta edición de la
Copa Argentina y mostró las bases de este equipo que todavía tiene tiempo para
pulir cosas y seguir armándose.
Huracán fue claro protagonista
desde el inicio. Central se dedicó a dejarlo jugar y el Globo hizo pesar su
condición de equipo de Primera División. De a poco se fue acercando al arco
rival, sobre todo a partir del juego de Romero Gamarra. Precisamente fue el
Kaku el autor material e intelectual del gol, que llegó a los 23 minutos
después de dos paredes, primero con Mariano González y después con el debutante
Briasco. Parecía que Huracán lo tenía todo controlado. Sin embargo, Figueroa le
desbarató los planes cuando, a los 35, anticipó un pase atrás impreciso de
Bogado y remató solo frente a Marcos Díaz, que nada pudo hacer.
El segundo tiempo vio el control
de la pelota repartido entre los dos equipos. Central Córdoba se soltó y
Huracán ya no tuvo tanta libertad para moverse en el mediocampo. Como viene
sucediendo con cierta regularidad, el Globo empezó a apelar al pelotazo a los
delanteros. Esto provocó que Romero Gamarra ya no tuviera incidencia en el
partido, perdiendo así Huracán su carta más fuerte. El juego era cada vez más
desordenado, y el gol tuvo que llegar desde el punto penal. Una clara falta
sobre González le dio la oportunidad a Bogado de que marcara el gol de la
victoria a los 25 minutos. Central ya no logró levantarse después de este golpe
y Huracán terminó los 90 minutos con tranquilidad, sin generar más jugadas y
sin sufrir en el fondo.
Dadas las circunstancias, con
bajas muy importantes y una sola incorporación al plantel (Lucio Compagnucci,
de interesante rendimiento), el de Huracán fue un partido correcto. El punto
fuerte fue Romero Gamarra, que aportó explosividad e inteligencia en la
creación y la culminación de jugadas. El equipo tendría que haber sido más
consciente de esto, sobre todo en el segundo tiempo, cuando empezó a jugar a
los pelotazos y el Kaku fue desapareciendo de la cancha. Este es un punto que
debe trabajarse. Wanchope ya no es el centrodelantero del equipo y esos
pelotazos sirven menos que nunca. El juvenil Briasco, que ocupó el lugar de Abila,
demostró aptitudes en el juego con balón al pie que deberían usarse. Los casos
puntuales de Araujo y Chacana fueron los más preocupantes, sobre todo teniendo
en cuenta que los suplentes no sobran. A Nervo y Mancinelli, firmes en la
defensa como nos tienen acostumbrados, les tocó cubrir los errores cometidos
por el lateral. Adelante, el lado de Chacana fue completamente desaprovechado.
La ilusión existe, más cuando
sabemos que se puede lograr porque lo logramos hace menos de dos años. Yendo
paso a paso, como este plantel está acostumbrado a hacer, no es descabellado
pensar en llegar a instancias decisivas de esta copa. Se viene un semestre más
tranquilo que el pasado, sin una doble competencia tan exigente y la
perspectiva de un torneo largo que da más tranquilidad a la hora de proyectar a
futuro. Hay tiempo para trabajar. La base, aunque todavía tambaleante y con
piezas sin confirmar, está.
CeciQuemera

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